4º paradigma el universo cuántico este paradigma acaba con el determinismo mecánico



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PARADIGMA
EL UNIVERSO CUÁNTICO


Este paradigma acaba con el determinismo mecánico. Y no surgió fruto de la especulación, sino en un intento desesperado por dar sentido a las observaciones experimentales que resultaban paradójicas e imposibles de explicar con el arsenal conceptual del Universo Mecánico: la radiación del cuerpo negro, el espectro de emisión del átomo de hidrógeno, el efecto fotoeléctrico y el experimento de la doble rendija… entre otros.
Es el paradigma que avala la mecánica cuántica al constatar que ya no podemos encontrar leyes precisas para describir la evolución de los observables clásicos (posición, velocidad, impulso, momento angular y energía) de las partículas atómicas. Tenemos que renunciar a una visión mecánica del universo a escala manométrica y sustituirla por una visión donde todas las posibilidades están presentes hasta que “una conciencia las colapsa en una mediante la observación”. Las leyes cuánticas sólo permiten asignar una probabilidad a cada uno de los resultados posibles de una observación, sin que podamos predecir cuál va a suceder en realidad.
En este paradigma, las leyes pasan a operar, no sobre objetos, sino sobre funciones de probabilidad (éstas sí que evolucionan de manera determinista), constando que los objetos físicos no se materializan hasta que se observan. Además, la materia se diluye en un conjunto de partículas que ya no podemos caracterizar por su forma y tamaño, sino mediante un conjunto de observables (información) abstractos: carga, masa, spín, color, sabor… Observables que sólo adquieren significado frente al proceso de medida (no significan nada per se) y que, además, en este poceso muestran que sólo pueden tomar un número discreto de valores (los estados posibles de un sistema cuántico siempre son discretos –y se alcanzan mediante “saltos”-)
Este nuevo paradigma otorga el papel central al observador, es decir, a la conciencia. Permite hablar de conciencia a la hora de objetivar el mundo que nos rodea. Sin conciencia que observa no hay universo cuántico.
Aunque sigue siendo un universo frío donde el observador objetiva una de las infinitas posibilidades latentes, pero sobre las que no puede interactuar, ES UN UNIVERSO ENTRELAZADO. No podemos hablar ya de partes aisladas; todo apunta hacia una UNIDAD INTRÍNSECA (entrelazamiento)
Su mecanismo de implantación es la constatación de los hechos.
TODOS LOS HECHOS.




LOS LÍMITES DEL

UNIVERSO MECÁNICO


Lo muy grande,

Y lo muy pequeño
Los crecientes estudios e investigaciones sobre el fenómeno del electromagnetismo, que ocurrieron durante la primera mitad del siglo XIX, llevaron a muchos científicos a la conclusión de que la electricidad era una energía muy especial producida por las partículas más diminutas que componen la materia: los átomos.
En 1858 el matemático y físico alemán Julius Plücker (1801−1868) descubrió los denominados rayos catódicos, que se manifiestan como una línea luminosa emitida a través de un tubo de vacío, pero no fue hasta 1897 que el físico inglés Joseph John Thompson (1856−1940) determinó que esas partículas emitidas denominadas electrones tenían una carga negativa y podían ser consideradas como «desprendimientos» de los componentes más diminutos de los átomos, idea con fundamento de la cual derivó un primer modelo sobre el átomo, conformado por una esfera de materia cargada positivamente que en su interior contiene a los electrones de carga negativa y también contiene a todas las demás partículas neutras que al desprenderse forman la luz, los rayos X y las emisiones radioactivas recién descubiertas.
En la misma época el físico francés Jean Perrin (1870−1942) estableció un segundo modelo sobre el átomo, representándolo como un sistema solar microscópico en el que hay un núcleo central en torno del cual giran en diferentes órbitas los electrones que pueden ser atraídos hacia el campo magnético de otros átomos para enlazarse entre sí formando la materia mediante la acumulación de átomos.
La invención de nuevos aparatos para  medir estadísticamente las partículas desprendidas de los átomos, idea que surgió al aplicar al estudio de los gases los principios de la Mecánica Estadística propuesta por James Maxwell, permitió clarificar paulatinamente el modelo del átomo. Así, el gran físico alemán Max Planck (1858−1947), a partir del estudio estadístico de los efectos de la radioactividad y del análisis de la emisión y la absorción de la energía, postuló en 1900 la necesidad de nuevas reglas científicas para el estudio de las minúsculas partículas emitidas por los átomos y para la explicación de los fenómenos que ocurren a nivel corpuscular, de tal forma que esos postulados dieron nacimiento paulatinamente a la denominada «Mecánica Cuántica».
Esta última se fundamenta en la idea de que a escala corpuscular el resultado de una medida siempre está modificado por la interacción directa entre el sistema analizado y el aparato de medición, es decir, no se puede medir a la vez, con precisión, la posición y la velocidad de una partícula atómica, hecho que hace inaplicable a esta escala minúscula el concepto de trayectoria tan usado en la física clásica. Del mismo modo, según Planck, se debe abandonar el concepto de causalidad, pues a nivel corpuscular la interacción entre el sistema analizado y el aparato de medición es imprevisible, sin que se pueda esclarecer con precisión cuál es causa o efecto del resultado final observado.
De este modo, en un artículo sobre el efecto fotoeléctrico publicado en 1905, Einstein profundizó en la teorización del concepto de «quantum» desarrollado por Planck, mediante el cual se indica que ciertos fenómenos originados a nivel corpuscular (radiación, energía, luz, carga, etc.) realmente se suceden no de forma continua, sino de forma discontinua, y por tanto son fenómenos que al ser medidos solamente pueden asumir siempre un conjunto de valores discretos posibles, más allá de los cuales el fenómeno no puede ser explicado.
Así, armado con toda esta teoría y con diferentes evidencias empíricas, Einstein concluyó que la luz interactúa con la materia en la forma de pequeños paquetes de energía de valores discretos, también señaló que los cambios en los niveles de energía de los átomos se suceden sólo si éstos absorben o emiten un valor discreto de radiación, en consecuencia, la radiación también debe ser analizada y medida en términos cuánticos referidos a valores discretos.
En este orden de ideas, el físico inglés lord Ernest Rutherford of Nelson (1871−1937), en 1911 demostró que el átomo tenía un núcleo y que el mismo estaba relacionado con la emisión de la radiactividad, por lo que se inclinó por el modelo que concibe al átomo como un sistema solar microscópico. Luego, el físico danés Niels Bohr (1885−1962) retomó el modelo del átomo entendido como un sistema solar de tamaño corpuscular, pero adaptó la explicación de su funcionamiento a los postulados de la Mecánica Cuántica introducidos por Max Planck y Albert Einstein. 
La necesidad de fundamentar y probar científicamente los postulados de la Mecánica Cuántica propuesta por Max Planck, Albert Einstein y Niels Bohr, la cual era un naciente campo del conocimiento que desbordaba toda la conceptualización tradicional existente desde la Antigüedad desarrollada dentro de la física clásica, fue superada paulatinamente gracias a los aportes de una verdadera pléyade de grandes matemáticos y físicos como Paul Adrien Maurice Dirac (1902−1982), Werner Karl Heisenberg (1901−1976) y Erwin Schrödinger (1887−1961), quienes propusieron y desarrollaron nuevos conceptos tales como el «principio de indeterminación», las fluctuaciones de los átomos entendidas como «ondulaciones», el cálculo cuántico de la energía de los átomos de los diferentes elementos químicos de la Naturaleza, etc.
En consecuencia, según sus creadores, la Mecánica Cuántica sólo permite
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