3. la atencion: concepto, componentes, modelos clínicos y bases anatómicas concepto



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Tesina de Mariángeles Rodríguez Artacho. Capítulo 3: Teoría atencional


3. LA ATENCION: CONCEPTO, COMPONENTES, MODELOS CLÍNICOS Y BASES ANATÓMICAS
3.1. CONCEPTO

Desde el punto de vista del hombre de la calle, atender puede significar concentración en la realización de una tarea, orientar los sentidos (movimientos de cabeza y oculares.) hacia un lugar, objeto o parte de un objeto. Actividades asociadas a la aplicación o retirada de la atención son: La distracción, el ensimismamiento, la meditación, la concentración, la vigilancia, la conciencia, el aprendizaje explícito, la orientación y el disparo de la acción automática (donde pongo el ojo, voy). William James (1890) definió a la atención del siguiente modo: “Todo el mundo sabe lo que es la atención. Es la toma de posesión por la mente, de un modo claro y vívido, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamiento simultáneamente posibles”. Su máxima atencional más conocida es “mi experiencia consciente es aquello a lo que yo decido atender”. Por ejemplo, cuando tratamos de comprender un texto no somos conscientes ni de los movimientos oculares de izquierda a derecha sobre el papel escrito ni de las letras que componen las palabras, pero sí del significado de las frases. No obstante, si ante una frase escrita alguien nos pregunta “¿Cuántas vocales hay?”, responder nos llevaría a ser conscientes de las letras constituyentes de las palabras de esa frase pero no del significado de la frase (Santiago y otros, 2006).

La atención actúa seleccionando información para controlar el procesamiento de la información, mediante la activación e inhibición de los procesos en curso, para alcanzar las metas del organismo. El tráfico podría ser una metáfora adecuada para entender la afirmación anterior. La atención sería el equivalente a un semáforo, el sistema de procesamiento a las vías y a los vehículos en circulación.

3.1.1. La atención como constructo psicológico

Para la psicología, la atención es un constructo, es decir, una etiqueta para denominar a un conjunto de problemas relacionados, en alguna medida, con la definición de sentido común de atención. Este concepto ha sido asociado a términos como capacidad, esfuerzo, alerta, orientación y control. Se trata de un conjunto de problemas heterogéneos para los que no existe una explicación unitaria, a pesar de estar todos ellos englobados bajo el mismo término. Sin embargo, todos poseen en común reconocer la voluntad del sujeto humano, es decir, que éste no es meramente reactivo ante la estimulación sensorial, sino que actúa sobre ella de modo activo, buscando, seleccionando información para dirigir su conducta, en función de su experiencia previa, su dotación genética, sus objetivos actuales, su estado de activación fisiológica, ... La atención es, en consecuencia, una actividad interna, en relación directa con la intencionalidad, la toma de decisiones y la planificación de acciones, siendo fácil caer en la tentación de identificarla con el concepto de yo o sujeto. Es el problema del homúnculo.
El problema del homúnculo

Concebir a la atención como ese algo más tras el procesamiento desencadenado por la estimulación sensorial, implica para algunos dotarla de un carácter mágico, y de este modo caricaturizan a la atención como un pequeño hombrecito en el interior de nuestras cabezas que nos susurra la información que debemos seleccionar y las prioridades que hemos de establecer para alcanzar nuestras metas (Santiago, Tornay y Milán, 1999). El problema estriba en que a su vez, este hombrecito precisaría de otro hombrecito en el interior de su cabeza para poder cumplir su función, y así sucesivamente. Sin embargo, es posible el estudio de la conducta voluntaria del sujeto sin "sucumbir" ante el problema del homúnculo. Para ello, es necesario distinguir entre dos niveles diferentes: La problemática atencional y la teoría atencional de un lado. De otro lado, es necesario diferenciar el problema de la capacidad del procesamiento del de la selectividad de la información.
3.1.2. Problemática atencional y teoría atencional

Tudela (1992) distingue entre problemática atencional y teoría de la atención. La primera denota un uso descriptivo del concepto atención, para designar el conjunto de problemas a los cuales el término ha sido aplicado. La "teoría de la atención" denota, sin embargo, un uso explicativo del concepto, como un hipotético mecanismo subyacente a parte de la fenomenología atencional. Es decir, el estudio de la atención como un mecanismo con unas características estructurales y funcionales concretas, anatómicamente localizable en el cerebro, que nos puede explicar parte de la problemática atencional. Las pruebas para medir atención, con frecuencia no aclaran si hacen referencia a la problemática atencional o al mecanismo.
3.1.3. Selectividad atencional, limitación de capacidad y prioridad de procesamiento

Hoy día aún son muchos los autores que definen a la atención bajo el supuesto de limitación de capacidad de la mente (Eriksen, 1993; Laberge, 1995). La mente sería un sistema de capacidad limitada, como un conjunto de canales de comunicación que pueden sufrir sobrecargas. Por ejemplo, las líneas telefónicas son un canal de comunicación, y a todos nos es familiar el mensaje de "espere, la línea se encuentra sobrecargada". Por tanto, la mente funcional necesitaría de un filtro que la protegiese de las sobrecargas. Es decir, algo que determine qué parte de la información pasa a etapas posteriores del procesamiento y qué parte de la información estimular es rechazada. La atención sería ese filtro (Broadbent, 1958; Deutsch y Deutsch, 1963).

Pero hay aspectos del funcionamiento del mecanismo atencional que escapan a la idea de limitación de capacidad. ¿Qué ocurriría si el organismo se enfrentase a una situación con un único estimulo presente, por ejemplo, identificar una letra que pudiera aparecer a la izquierda o a la derecha en la pantalla de un ordenador? Si sólo aparece un estimulo en la presentación, no hay riesgo de sobrecargas. El filtro no debería actuar y, en consecuencia, no deberíamos obtener efectos atencionales en una tarea como ésta. Van der Heijden (1992) define operacionalmente a la atención como beneficios (mayor exactitud o mayor velocidad de respuesta) en la ejecución de tareas bajo instrucciones de prioridad o énfasis, comparadas con condiciones experimentales sin tales instrucciones. Es decir, si debemos buscar en una sopa de letras la letra A, y comparamos una condición donde una flecha indica al sujeto dónde esta la letra A con otra condición donde no hay flecha, el sujeto será más exacto y rápido en la condición con flecha. A la diferencia en exactitud y/o rapidez entre ambas condiciones se le llama efecto atencional (controladas una serie de posibles explicaciones alternativas). En la situación anterior, los teóricos del filtro predicen ventajas para la condición con flecha, pues ésta favorece la selección espacial de la letra A de un conjunto estimular que supera la capacidad del sistema. Pero no predicen beneficios por la aparición previa al objetivo de la flecha para la identificación de la letra A cuando ésta es la única letra en la pantalla. Sin embargo se obtienen experimentalmente. Es decir, hay selectividad atencional en ausencia de problemas de limitación de capacidad. Lo cual indica que la selectividad atencional puede ser independiente de si la capacidad del sistema es limitada o ilimitada.

En consecuencia, parece que la atención establece prioridad en el procesamiento de la información (Van der Heijden, 1992), pero ¿prioridad para qué, si no es para proteger al sistema de una sobrecarga? Según Allport (1989; 1993), una función primordial de la atención sería el control de la acción. Con independencia de si hay una única fuente estimular o muchas, programar una acción (mover el brazo hacia un objeto, mover los ojos hacia un lugar) exige la selección de la fuente estimular destino para dotar al programa motor de los parámetros de dirección y amplitud de la acción (movimiento hacia la izquierda o derecha, a X grados de ángulo respecto al punto donde estamos mirando) con anterioridad a la programación y ejecución de la misma. En términos más generales, Tudela (1992) caracteriza a la atención como un mecanismo central (cognitivo, no sensorial o motor) cuya función principal es controlar y orientar la actividad consciente del organismo de acuerdo a un objetivo determinado. Este autor insiste: "no se trata de un filtro situado más pronto o más tarde en la secuencia horizontal de procesamiento de información. Como estructura de control habría que representarla verticalmente, activando e inhibiendo desde arriba, de acuerdo con la demanda de la situación, aquellas estructuras propiamente encargadas de procesar la información. No se trata tampoco de un homúnculo dotado de minisistemas de procesamiento de información. Más bien, el papel de la atención en el procesamiento de información es indirecto, actuando sobre los procesos mismos" (Tudela, 1992, pág. 37).
3.1.4. Metáforas de la atención

La atención ha sido estudiada con numerosas metáforas. Ha sido tratada como si representara un filtro (Broadbent, 1958), esfuerzo (Kahneman, 1973), recursos energéticos (Shaw y Shaw, 1977), como un proceso de control de la memoria operativa (Shiffrin y Schneider, 1977), como un foco de linterna (Posner, 1980), como conexión o pegamento entre diversas características de los estímulos (Treisman y Gelade, 1980), como un zoom (Eriksen y St. James, 1986), como un ejecutivo central (Baddeley y Hitch, 1974) , un cuello de botella (Pashler, 1998) y como un proceso de selección más una actividad preparatoria, esto es, como un semáforo y/o una radio FM (LaBerge y Brown, 1989).

No se pueden olvidar además los distintos tipos de atención estudiados o los sentidos que este término toma para distintos autores. Así, a modo de resumen, destacan las siguientes categorías (Tabla 1, adaptado de Roselló, 1997).
TABLA I: Tipos de atención


CRITERIO

TIPOS DE ATENCIÓN

Mecanismos implicados

Selectiva-dividida-sostenida

Objeto al que va dirigida la atención

Externa-interna

Modalidad sensorial implicada

Visual-auditiva

Amplitud e intensidad con la que se atiende

Global-selectiva

Amplitud y control que se ejerce

Controlada-automática

Manifestaciones de los procesos

Manifiesta-encubierta

Grado de control voluntario

Voluntaria-involuntaria

Grado de procesamiento de la información no atendida

Consciente-inconsciente

Resulta de utilidad la aproximación al estudio de los procesos atencionales propuesta por LaBerge (1995). LaBerge señala que la atención cumple tres objetivos, que, a su vez, permiten obtener tres beneficios: precisión, rapidez y continuidad en el procesamiento de información.




  • La precisión se refiere a la selección del estímulo (o estímulos) relevantes de todo el flujo de información entrante desde el entorno, especialmente en situaciones de conflicto. Pero no sólo afecta a la estimulación sino también a la selección correcta de un programa de acción para dar una respuesta externa o una operación mental determinada.

  • La rapidez para detectar un estímulo que se está siendo esperado (por una señal de aviso, una clave, etc.) es mayor que si el estímulo se presenta de forma inesperada. De igual forma, un estímulo que está siendo atendido recibirá una respuesta más rápida que cualquier otro estímulo. Este proceso está muy ligado por tanto a mecanismos preparatorios para la ejecución de planes de acción.




  • Por último, la continuidad hace referencia a la posibilidad de sostener la atención a estímulos externos o el mantenimiento de determinadas conductas en el tiempo. Ejemplos de ello son escuchar (o interpretar) una pieza de música, disfrutar de una buena comida, observar una puesta de sol, o atender a una conferencia. Estos objetivos o beneficios, siguiendo su terminología, irían ligados con determinados mecanismos que permiten un correcto funcionamiento de la atención.


3.2. COMPONENTES: NATURALEZA NO UNITARIA DEL SISTEMA ATENCIONAL

A pesar de que se asume la diversidad de la atención, es cierto que no se ha alcanzado una taxonomía satisfactoria de los procesos atencionales. Parece existir, sin embargo, un cierto acuerdo en la existencia de, al menos, tres componentes relativamente independientes con los que gran parte de los autores trabajan: selección, vigilancia y control. Van der Heijden (1992) diferencia entre atención sensorial, expectativa e intención, términos que hacen referencia al papel de la atención en la profundidad del procesamiento de la información, en la percepción, en los procesos de memoria y en la selección de respuesta. Laberge (1995) diferencia entre las funciones de control de la atención (instrucciones de prioridad), expresión de la atención (el lugar más que el momento del procesamiento de la información dónde la atención actúa) y selección atencional (el mecanismo atencional que implementa la orden sobre un lugar del procesamiento de información mediante la modificación de la relación entre señal y ruído (entre objetivo y distractores). En términos anatómicos: Las áreas frontales ejercen el control sobre la atención (ponen en marcha la orden). El tálamo produce la selección atencional. Si la orden es seleccionar el elemento rojo frente a los verdes, en el córtex occipital en el área v4, las columnas asociadas al color rojo aumentan su tasa de disparo frente a las columnas asociadas al color verde. Bajo todos estos epígrafes existen a su vez diversos mecanismos, y diversas concepciones sobre ellos, y es ahí donde se dan las máximas discrepancias entre los autores. En cualquier caso, se describen brevemente a continuación los términos que suscitan mayor acuerdo (Lago y Céspedes, 2004):




  • Selección: ha sido sin duda el componente más estudiado de la atención. La selección de los estímulos que van a ser procesados es importante debido a las limitaciones de capacidad del sistema. El cerebro de los primates desarrolló el mecanismo de selección para afrontar estas limitaciones. Sin este mecanismo de selección los organismos no estarían bien equipados para hacer frente a las diversas fuentes de estimulación distractoras del entorno (Parasuraman, 1998). Existen diversos planteamientos sobre el funcionamiento del proceso de selección. Mientras para algunos (LaBerge y Brown, 1989) es un proceso facilitatorio, para otros es también inhibitorio (Tipper, 1985), o bien algo intermedio (Posner y Dehane, 1994). Otros autores discuten si la selección se hace en función de la localización (Cave y Pashler, 1995) o del propio objeto (Duncan, 1984).




  • Vigilancia: si la atención selectiva permite conductas dirigidas a metas, la vigilancia (o atención sostenida, para algunos) asegura que esas metas se mantendrán en el tiempo. Existe evidencia de que el componente de selección y el de atención sostenida pueden ser procesos opuestos en cierto sentido, que aseguran un equilibrio atencional en el organismo. Por ejemplo, a pesar de que una alta tasa de estimulación incrementa la selección y la focalización, disminuye la vigilancia (Parasuraman, 1979; Posner, Cohen, Choate, Jockey y Taylor, 1984). Del mismo modo, una señal espacial que inhibe temporalmente la selección en un lugar del espacio, incrementa la vigilancia (Bahri y Parasuraman, 1989; Posner, 1980).




  • Control: La habilidad para mantener el procesamiento de información en el tiempo con la presencia de distractores implica mantener la conducta dirigida a metas. La actividad puede que tenga que ser detenida temporalmente y luego retomada, puede haber otras actividades paralelas, y en el futuro puede que tengan que llevarse a cabo algunas tareas. El término control atencional hace referencia a esta función de la atención. Las teorías de memoria operativa (Baddeley y Hitch, 1974) y de planificación (Norman y Shallice, 1986) intentan dar cuenta de este proceso.


Estos tres términos (selección, vigilancia y control), han sido reformulados desde la problemática atencional al campo de estudio del mecanismo atencional. Pero antes me gustaría subrayar que la investigación ha mostrado sistemáticamente limitaciones en la persona para mantener la atención más allá de 10 o 15 minutos, para seleccionar información (o interferencia causada por los distractores) y para dividir la atención o hacer dos cosas a la vez. Las investigaciones de Michael Posner han permitido encontrar evidencia neuropsicológica de la existencia de tres redes atencionales relacionadas jerárquicamente (Posner y Raichle, 1994): El sistema de alerta que aporta la activación psicofisiológica para estar alerta y poder atender. La atención espacial (Posner, 1980), también llamada atención visual, atención sensorial o atención exterior; y el ejecutivo central (Norman y Shallice, 1986), el cual englobaría a los términos expectativa e intención, esto es, a la atención dirigida al mundo de las ideas o atención para el control del procesamiento de la información y la acción. La atención espacial actuaría en situaciones como "mira a tu izquierda", "¿hay una araña sobre la mesa?" o “golpea la pelota”. El ejecutivo central sería necesario en situaciones como "imagina el rostro de tu padre con una peluca rubia", para el cálculo mental sin papel ni lápiz, para suprimir un pensamiento no deseado, para cambiar el curso de la actividad mental, hacer planes o tener iniciativa. El nivel de activación es una condición necesaria para atender, y puede variar desde el sueño a la excitación intensa, afectando al ritmo respiratorio y cardiaco pero sobre todo a la capacidad para atender y concentrarse, evitando las interrupciones que producen la ansiedad (exceso de activación), la fatiga o la falta de motivación, permitiendo la vigilancia y la atención sostenida.
3.2.1. El sistema de alerta.

El arousal o alerta es la energía física y mental del organismo, que determina su nivel de activación psicofisiológica y lo dispone a luchar o huir. Tomar cafeína aumenta el nivel de activación, igual que correr, oír música rock, una situación de peligro, hiperventilar o el interés sexual. Oír canciones de cuna, el aburrimiento, la respiración abdominal… bajan el nivel de activación. La activación también se transfiere (transferencia de la activación): si tomo tres cafés y me dicen que es descafeinado, mi nivel de activación sube e ignoro su causa real, de manera que atribuyo la misma a factores contextuales (a que alguien presente en la escena que me gusta o me molesta), por eso se liga más justo al salir del gimnasio. Es decir, el nivel de activación viene determinado por factores fisiológicos (tomar cafeína) y mentales (atribuciones causales), y muestra componentes periféricos o autonómicos y centrales. Debemos diferenciar entre alerta fásica y tónica. La primera ocurre aquí y ahora en respuesta a la presentación de un estímulo abrupto. La alerta tónica hace referencia a los cambios circadianos de la activación, al dormir, despertarse o correr. Las personas son diferentes en sus niveles de línea base de arousal, de manera que algunos parecen hiperactivados de continuo y otros adormilados.

El nivel de activación del organismo se relaciona con su capacidad para realizar una tarea, de manera que existe una relación en forma de “U” invertida entre el nivel de activación y el de ejecución (Ley de Yerkes-Dodson). Sin embargo, esta ley tiene múltiples excepciones, en función de la dificultad de la tarea y las diferencias individuales en arousal. Se puede establecer para cada persona su ventana óptima de activación. Es importante subrayar que la ley citada pone de manifiesto algo muy importante: El nivel de activación o arousal puede variar desde niveles muy bajos (estar dormido) a niveles altos (estar corriendo), y sus oscilaciones influyen en la capacidad para realizar una tarea, pudiendo mostrar niveles bajos para las demandas de la tarea (fatiga, falta de motivación) o niveles excesivos para la dificultad de la tarea (ansiedad, agobio). En términos atencionales, un nivel alto de activación es necesario para vigilar o concentrarse, que son dos aspectos de la atención sostenida. Los bomberos vigilan el fuego, no se concentran en él. Al estudiar, nos concentramos en la materia no la vigilamos. La vigilancia hace referencia a la detección de un evento improbable. La concentración a dirigir los recursos cognitivos a la realización de una tarea con cierta dificultad, extendida en el tiempo. La teoría de Posner establece que los niveles elevados de activación potencian la orientación de la atención espacial, aumentando su velocidad pero disminuyendo su exactitud. En realidad el foco atencional se estrecha y se vuelve poco discriminativo o reactivo ante cualquier estímulo dentro de foco, sea o no relevante, dificultando la selección si hay múltiples estímulos en la escena pero facilitando la reacción si sólo hay un estímulo en la presentación. La alta activación también inhibe la función ejecutiva, dejando la “conciencia limpia” (Posner y Rothbart, 1992), es decir, inhibiendo la entrada de nueva información en memoria de trabajo, con la finalidad de mantener la meta en curso y evitar distracciones e interferencias procedentes de la MLP o de la interocepción.
3.2.2. La atención espacial o red posterior

El funcionamiento de la red atencional espacial puede comprenderse mejor si se compara con el foco de luz que emana de una linterna. Moviendo el foco es posible “iluminar” una región del campo visual, es decir, mejorar el procesamiento de una cierta cantidad de estímulos que están en la región iluminada cada vez. Para “iluminar” nuevos estímulos es necesario mover el foco. Todo lo que no caiga bajo el foco está a oscuras, es más difícil de procesar. Esta metáfora ha inspirado una serie de investigaciones experimentales, como la línea basada en la tarea experimental de costos y beneficios de Posner (1980). Esta metáfora de la atención la asocia con la idea de orientación visual.

La tarea de costos y beneficios (Posner, 1980) consiste en detectar o discriminar el único estímulo visual que aparece en la presentación, mediante una respuesta arbitraria. Este estímulo puede ser un punto luminoso o un carácter (una letra o un dígito), y se le llama el "objetivo". En cada ensayo, se presenta un punto de fijación ocular en el centro de la pantalla. Los sujetos experimentales reciben la indicación expresa de no mover los ojos de ese punto. A continuación, una señal visual proporciona información espacial sobre la posición más probable de aparición del objetivo. Por ejemplo, se presenta una flecha sobre el punto de fijación, apuntando hacia la izquierda o hacia la derecha. Transcurrido un intervalo de tiempo del orden de milisegundos desde la aparición de la señal, se presenta el objetivo a detectar o discriminar. Si el objetivo aparece en la posición señalada, el ensayo es válido. Si aparece en otra posición, el ensayo es inválido. Mediante una señal neutra, como una flecha de doble punta (<->), obtenemos la línea base de comparación para el cálculo de los efectos atencionales. Una señal es considerada neutra cuando no proporciona información espacial alguna, pero sí nos permite separar un posible efecto de alerta general del efecto específico de la señal espacial.

Los efectos atencionales en esta tarea pueden ser: beneficios en el caso de los ensayos válidos, consistentes en un menor tiempo de reacción (o errores) frente a la condición neutra; y costos en el caso de los ensayos inválidos, consistentes en un mayor tiempo de reacción (o errores) que en la condición neutra (Posner, Nissen y Ogden, 1978).

Hablamos de atención abierta en las situaciones donde la orientación de los receptores sensoriales (ojos) y la orientación de la atención espacial convergen, de manera que el sujeto fija su vista sobre el lugar que atiende. No obstante, mirar y atender pueden disociarse. En una escena visual estática -sin movimientos oculares-, el sujeto puede tener el punto de fijación ocular en un punto de la escena y su atención en otro punto de la escena visual. Llamamos a esta situación de disociación de atención encubierta, como cuando un jugador de baloncesto simula mirar hacia la canasta, pero está vigilando por el "rabillo" del ojo a un oponente situado a un lado. Para estudiar la estructura atencional nos interesan las características de los efectos atencionales sin confusión con las consecuencias de los movimientos oculares sobre el tiempo de reacción, es decir, la condición de atención encubierta.

Con los resultados obtenidos con la tarea de costos y beneficios es posible obtener diversos datos sobre las propiedades del foco de linterna. Según la metáfora del foco de linterna, la atención visual selecciona una región del campo visual, de manera que cualquier estímulo dentro de esa región "iluminada" verá facilitado su procesamiento. Las operaciones cognitivas elementales que realiza el foco son: movimiento hacia la posición señalada, enganche en la citada posición y desenganche para cambiar de posición. Estas operaciones han sido localizadas anatómicamente. Un conjunto de áreas cerebrales que se ha denominado red atencional posterior, cuya actuación coordinada refleja la acción del foco de linterna. Esta red está implicada en dirigir la atención a las localizaciones relevantes en la búsqueda visual, en "pegar" información a localizaciones espaciales para producir la percepción de objetos y en seleccionar la escala relevante para examinar el input visual –global o local, focalizada o difusa-(Posner y Rothbart, 1992). Esta red también mantiene una relación especial (funcional) con el sistema ocular para la producción de movimientos sacádicos, proporcionando los parámetros de dirección y amplitud a la programación ocular sacádica (Posner, 1980; Rizzolatti y Col., 1987).

En resumen, la atención visual se asocia a la idea de orientación espacial. Esto nos lleva a contactar con los estudios del aprendizaje animal sobre el Reflejo de Orientación (Sokolov, 1963), que no sería más que la manifestación abierta de un movimiento encubierto de la atención espacial exógena. Este reflejo consiste en la orientación corporal involuntaria hacia una fuente de estimulación novedosa y abrupta, que nos sorprende, como un fuerte ruido o los faros de un coche. Es decir, gracias a la tarea de costos y beneficios es posible estudiar de una manera muy precisa el primer desencadenante del reflejo de orientación, la captura de la atención espacial por un estímulo abrupto en la periferia visual, previamente a los movimientos oculares y de cabeza hacia la fuente estimular.



La tarea de costos y beneficios se puede usar como un marcador de la orientación, para estudiar sus componentes centrales o cognitivos, y no sólo los periféricos, y trazar sus líneas evolutivas, sus bases anatómicas y fisiológicas en concierto con técnicas como la tomografía por emisión de positrones (TEP) y los potenciales evocados masivos (ERP), y hacer un uso aplicado de este marcador en los campos clínicos y de estudio de las diferencias individuales (esquizofrenia, drogodependencias, heminegligencia, ...) -Posner y Raichle, 1994-.

3.2.3. El Ejecutivo Central

El ejecutivo central, llamado también supervisor general, se localiza en áreas cerebrales anteriores. En general la acción de este mecanismo se asocia a situaciones donde es necesario sobreimponerse a tendencias automáticas o dominantes de respuesta (a los hábitos adquiridos y a los programas con los que hemos nacido). También se asocia a tareas que requieren la generación de respuestas nuevas, a los momentos en que detectamos que hemos cometido un error, a la planificación de acciones y la toma de decisiones. Por lo demás, se sabe poco sobre él. Se piensa que posee una íntima relación con la conciencia focal (aquello de lo que soy consciente en este momento), y el aprendizaje explícito (entender una explicación, memorizar un texto, etc; Posner y Raichle, 1994). Sobre sus características se afirma que es de capacidad limitada y de acción unitaria, es decir, no puede llevar a la vez más de una de sus funciones sin deterioros en la ejecución de las mismas. Con respecto a las funciones atribuidas a esta red, la lista es abierta: atención voluntaria, memoria prospectiva (memoria hacia adelante, por ejemplo: recordar que a las cinco tengo que ir al dentista), establecimiento y cambio de la preparación mental, supresión del pensamiento...

El recurso de atribuir toda función que implique un papel activo del sujeto a esta red lleva a identificarla con el concepto de sujeto y a concederle un poder explicativo ilimitado. Es el problema del homúnculo de nuevo. Para evitar esto, la psicología actual está tomando, una a una, todas las funciones que le han sido atribuidas por defecto y las somete a experimentación.


Atención y control

Ya sabemos qué es el procesamiento controlado o bajo la acción atencional, pero también existe el procesamiento automático. Es un ejemplo de procesamiento automático la incapacidad de los lectores expertos para inhibir el acceso semántico al significado de la palabra que denota un color en la situación de Stroop (1935). Expliquemos esto. Un lector experto no puede evitar leer la información escrita delante de sus ojos. La lectura es en él una actividad mental o procesamiento desencadenado por la presencia del estímulo adecuado, palabras escritas en su idioma. Haz la prueba. Toma el título de una página de periódico, cúbrelo con la mano. A continuación, retira la mano y míralo fijamente tratando de no leerlo, esfuérzate en no leerlo sin retirar la vista. ¿Te es posible hacerlo? Es un ejemplo de procesamiento automático, inconsciente o preatencional. La tarea de Stroop consiste en indicar el color de la tinta en que está escrita una palabra. Cuando esta palabra es un nombre de un color, por ejemplo la palabra azul, escrita en una tinta incongruente, por ejemplo en tinta verde, se produce interferencia, es decir, el sujeto tarda más tiempo en nombrar la tinta (decir "verde"), debido al conflicto de respuesta entre el color de la tinta y el color denotado por la palabra. Esto es, el sujeto no puede evitar leer la palabra. Esto sería un ejemplo de procesamiento automático, ocurre a despecho de la voluntad del sujeto.

Se puede entender ahora la activación del ejecutivo central en la tarea de Stroop incongruente, para sobreimponerse al procesamiento automático del significado de la palabra y guiar de este modo la conducta del sujeto, resolviendo el conflicto de respuesta: nombrar la tinta y no el significado de la palabra. Es decir, para ejercer el control del procesamiento de acuerdo a la meta a lograr.


Atención y cambio de intención

Una cuestión importante acerca del procesamiento cognitivo de la información tiene que ver con la manera en que los diferentes procesos son organizados y conectados juntos para traducirse en un comportamiento coherente y hábil que permita la resolución de problemas. El estudio de este tópico demanda la utilización de paradigmas experimentales que aíslen el funcionamiento de los procesos individuales de la organización general del procesamiento, esto es, de la coordinación y secuenciación de los mismos (Milán y Tornay, 1999). El paradigma experimental del cambio de tarea permite lograr este objetivo. En el laboratorio, cuando los participantes alternan entre tareas de Tiempo de Reacción (TR) se produce un coste de ejecución. El cual se traduce en un decremento en exactitud de la respuesta (incremento en el número de errores) y/o en un incremento en el Tiempo de Reacción (enlentecimiento en la respuesta). Para ejecutar una nueva tarea las personas deben encadenar una serie de procesos de información que conecten el análisis sensorial con la respuesta motora. Los mismos procesos pueden ser encadenados de maneras diferentes en diferentes tareas, incluso aunque estas compartan los mismos estímulos de partida y las mismas respuestas motoras. Se denomina preparación mental a un conjunto particular de procesos encadenados de manera conjunta en una disposición particular. Nuestra interacción diaria con el entorno nos demanda cambiar de modo continuo la preparación mental en orden a modificar las prioridades de procesamiento para afrontar situaciones nuevas, resolver problemas y adaptarnos al entorno cambiante. En la vida cotidiana, si usted hace dos tareas extendidas en el tiempo a la vez, con cambios de atención continuos, su rendimiento experimentará un coste. Por ejemplo, si ante la visita de un amigo a cenar a casa, decide jugar con él al ajedrez, mientras prepara una receta de cocina creativa para impresionarle, alternando cada paso de la receta con una jugada, posiblemente perderá la partida y quemará la comida. Alternar de modo continuo entre dos tareas es la peor manera de hacerlas, pero un modo óptimo de estudiar los efectos secuenciales de la reconfiguración mental. El estudio del cambio de la disposición mental nos permite una medida precisa de las contribuciones relativas de las tendencias de respuesta automáticas y de los mecanismos de control del procesamiento.   En resumen, Cuando una persona debe cambiar de una actividad a otra, se da de manera habitual un coste de ejecución. Este fenómeno es de un gran interés, pues las personas cambiamos de actividad de manera continua. En estas situaciones, el coste por cambio de actividad siempre aparece (es un fenómeno robusto) y no puede ser eliminado con facilidad, ni con práctica, siendo considerado una auténtica limitación cognitiva (Milán y Tornay, 1999; 2001).

Jersild (1927) estudió de modo experimental el coste por cambio de tarea por primera vez. En uno de sus experimentos, utilizó columnas de números y comparó dos condiciones diferentes. En una de ellas, la condición pura, se solicitó a los participantes realizar la misma operación aritmética (sumar o multiplicar un número natural) a cada número de la lista. En la segunda condición, denominada condición mixta, los participantes debían alternar entre ambas operaciones. Jersild obtuvo un coste de 1.2 segundos por estímulo en la condición mixta. El estudio del cambio de la disposición mental usando los métodos de Jersild fue reabierto por Allport, Styles and Hsieh (1994), quienes interpretaron el coste por cambio de tarea en términos de interferencia proactiva o inercia mental. Es decir como un efecto secuencial que refleja la incapacidad para desengancharse de la actividad anterior (o inhibirla) y enganchar de modo óptimo la nueva actividad. Sin embargo, el estudio reciente de mayor impacto sobre el coste por cambio de tarea ha sido el de Rogers y Monsell (1995). Desde este estudio, quedó claro que existen dos componentes en el coste por cambio de tarea: Un componente endógeno y un componente exógeno.



Los estudios sobre el coste por cambio de tarea muestran que cuando se manipula el tiempo de anticipación del cambio de tarea (mediante la manipulación del RSI –del inglés Response Stimulus Interval- o intervalo entre la ejecución de la respuesta en el ensayo N y la aparición del objetivo en el ensayo N+1), el coste se modifica. El coste disminuye cuando el tiempo de preparación anticipatoria o aviso previo para el cambio aumenta, pero nunca desaparece por completo. A la porción del coste que desaparece se le denomina coste endógeno, pues el participante es capaz de prepararse de manera parcial para el cambio de tarea y anticiparlo en parte. Sin embargo, al resto de coste, se le denomina coste residual o exógeno, pues exige una nueva interacción o experiencia con un estimulo-objetivo para que la reconfiguración mental sea completa y el coste desaparezca. A partir de estos resultados, Rogers y Monsell formularon su hipótesis del estímulo como clave para completar la reconfiguración mental.
Atención y memoria de trabajo (MT)

Un modo intuitivo de introducir la MT es caracterizarla como ese “espacio” donde se manipulan a voluntad los símbolos que pueblan la mente. Es ese “lugar” donde se realizan las operaciones aritméticas, donde se mantiene lo que se ha leído en oraciones anteriores para poder entender las oraciones actuales, donde se manipulan imágenes visuales, donde se generan planes de acción y se comparan las estrategias a utilizar para enfrentar una determinada tarea, problema o situación. La información sobre la que se trabaja en MT proviene unas veces de la experiencia perceptual de ese momento, mientras que otras se extrae de los contenidos de la Memoria a Largo Plazo (MLP). Por ejemplo, cuando repasamos mentalmente los dígitos de un número de teléfono que acabamos de consultar en la guía, estos números los acabamos de recibir de una fuente externa a nosotros. Pero cuando creamos una lista mental de los amigos que vamos a invitar a la boda, estamos extrayendo sus nombres de la MLP. En los dos casos, esos símbolos pasan a estar disponibles para su manipulación bajo control voluntario en la mente, lo que, por definición, los convierte en “contenidos” de la MT.

La información de la MT puede ser de dos grandes tipos: palabras, o material verbal en general, e imágenes. En el ejemplo del número de teléfono, normalmente las personas manipulan mentalmente palabras que valen por números (p.ej., la palabra “nueve” por el “9”). Pero también uno puede decidir crear una imagen mental del número de teléfono completo, es decir, mantenerlo en la mente de manera similar a como si lo estuviera viendo. Los dos grandes tipos de información en MT (visual y verbal) pueden provenir tanto de fuentes externas o internas.

La investigación psicológica sobre la MT ha confiado fundamentalmente en tareas de recuerdo inmediato. En las tareas de recuerdo inmediato se presenta una lista de elementos, sean éstos palabras, letras, dígitos, o elementos de cualquier otro tipo, y se pide al sujeto que los repita en el mismo orden tan pronto como el experimentador acaba de pronunciar el último elemento de la lista.1 Se supone que la persona mantiene brevemente esos elementos en su MT para poder reproducirlos inmediatamente. Un primer fruto del estudio de este tipo de tareas fue la demostración de que la MT tiene una capacidad limitada: sólo podemos mantener activos y trabajar mentalmente con un número limitado de alrededor de 7 elementos independientes a la vez (Miller, 1956).

La capacidad limitada de la MT se pone de manifiesto claramente mediante el uso de tareas de amplitud de memoria, un tipo de tarea de recuerdo inmediato. Las tareas de amplitud de memoria son aquellas tareas de recuerdo inmediato en las que se evalúa el efecto del número de elementos de que consta la lista sobre la corrección del recuerdo inmediato. Normalmente se comienza por listas cortas (3 ó 4 elementos) y se va incrementando la longitud de la serie hasta alcanzar el máximo que la persona es capaz de repetir correctamente. Muchos estudios han demostrado que la amplitud de memoria de las personas se sitúa en torno a 7 elementos, sean éstos palabras, dígitos, etc.

Durante mucho tiempo, las teorías de la MT asumieron que el espacio mental donde se guardan los elementos en tareas de memoria inmediata es también el lugar donde se almacenan y manipulan símbolos cuando realizamos tareas de razonamiento, comprensión de oraciones, operaciones aritméticas y otras. Es decir, se adoptó una visión de la MT como un almacén único, de capacidad limitada, que interviene en todas esas operaciones mentales donde se manipulan símbolos bajo control voluntario. Estudios posteriores demostraron que esta visión tradicional es errónea en dos aspectos fundamentales: en primer lugar, la MT no es una entidad única, sino que consiste de, al menos tres subsistemas diferentes que están organizados jerárquicamente. En segundo lugar, la concepción de la MT como un almacén o lugar mental donde se depositan los símbolos con los que se está trabajando es falaz. La MT debe entenderse más bien como el conjunto de símbolos que, en un momento dado, se encuentran activos y están siendo utilizados voluntariamente por el sujeto, sin que eso implique que esos símbolos son “movidos” o “depositados” en un lugar especial para su uso. La concepción actual es más bien de tipo funcional en lugar de espacial.
La organización interna de la MT

En este apartado vamos a presentar la teoría de la MT desarrollada por Alan Baddeley y colaboradores, que constituye probablemente la teoría más articulada de la manipulación de símbolos mentales bajo control voluntario con que contamos actualmente.

El modelo de Baddeley propone que la MT está formada por al menos tres subsistemas que están organizados de forma jerárquica entre sí, y que funcionan en estrecha colaboración. Estos tres subsistemas son los siguientes:
El Ejecutivo Central:

Hemos definido la MT como el conjunto de símbolos que, en un momento determinado, están siendo manipulados en la mente bajo control voluntario de la persona. En concordancia con esta idea, Baddeley propone la existencia de un sistema, llamado el Ejecutivo Central, que trabaja controlando dos sistemas “esclavos” o subordinados que ejecutan las funciones de mantenimiento de la información.

El Ejecutivo Central es el sistema de control voluntario y toma de decisiones. Es capaz de cotejar y valorar alternativas y optar por la más adecuada. Sus decisiones afectan a los cursos de acción que seguimos, tanto a nivel mental como conductual. Por ejemplo, a nivel de conducta manifiesta, el Ejecutivo Central decide qué camino seguiré para llegar a casa evitando el atasco de tráfico. A nivel de estrategia mental, veíamos antes que un número de teléfono puede mantenerse en MT mediante el repaso de las palabras que valen por cada número o mediante la imaginación del número entero tal y como lo veríamos escrito. El Ejecutivo Central es quien decide cuál de estas dos opciones se elige.

En general, el Ejecutivo Central es un sistema de naturaleza atencional, que ejerce el control voluntario y la toma de decisiones, y que está estrechamente relacionado con la experiencia consciente. Básicamente, es el ente mental que manipula voluntariamente los símbolos en tareas de MT. Estos símbolos se mantienen activos en sus dos principales sistemas esclavos: el Lazo Articulatorio y la Agenda Visoespacial.
El Lazo Articulatorio:

El Lazo Articulatorio es el sistema del lenguaje utilizado para mantener activos bajo control atencional una serie de símbolos de naturaleza verbal mediante un proceso de repaso contínuo. Imaginemos que el Ejecutivo Central decide mantener un número de teléfono en MT mediante el uso del Lazo Articulatorio. Decir esto corresponde a decir que los símbolos escritos de los dígitos se convierten en palabras, y que la persona decide pronunciarlas, interna o externamente, repasándolas una y otra vez hasta que puede marcarlas en el aparato de teléfono. Es decir, la información que quiere mantenerse en MT (en este caso, dígitos escritos en el papel) debe ser transformada a un código verbal que puede ser pronunciado y, así, mantenerse en MT mediante el repaso subvocal o externo.

En la gran mayoría de las tareas de recuerdo inmediato de material verbal, la persona no produce ningún habla externa. ¿Es el proceso de repaso mental, interno, algo de naturaleza diferente al repaso que se hace en voz alta? Parece ser que no. El repaso interno y el repaso en voz alta no se diferencian en ningún aspecto fundamental. Esto es, el repaso mental del material verbal que hacemos cuando mantenemos información en el Lazo Articulatorio no es otra cosa que habla interna, es decir, habla no acompañada de articulación vocal.

Resumiendo, utilizar el Lazo Articulatorio para mantener información en MT no es otra cosa que convertir esa información en otra de naturaleza verbal (que pueda ser pronunciada) y mantenerla activa mediante su pronunciación repetida, es decir, su repaso. Este repaso puede ser manifiesto o encubierto.


La Agenda Visoespacial:

La Agenda Visoespacial es el sistema de la percepción visual, utilizado para mantener y manipular información de naturaleza visoespacial bajo control atencional. Al igual que el Lazo Articulatorio, la Agenda Visoespacial es la utilización de un sistema mental con sus propias funciones y objetivos para el mantenimiento y manipulación activa de información. En este caso, se trata del sistema de la percepción visual y la información que se mantiene y manipula en MT mediante este sistema es, lógicamente, de imágenes. Almacenar algo en la Agenda Visoespacial es, por tanto, convertir esa información a un formato visoespacial y mantenerla en el “ojo de la mente”. Por seguir con el ejemplo anterior del recuerdo inmediato de un número de teléfono, el Ejecutivo Central puede decidir mantener la información escrita en la misma forma visual en la que ésta se percibe en las páginas de la guía de teléfonos. De esta manera, a la hora de marcar el número de teléfono sólo tendremos que “leerlo” desde la imagen mental.

A diferencia del Lazo Articulatorio, la Agenda Visoespacial no requiere el repaso ordenado de las imágenes. Las imágenes individuales pueden ser combinadas en imágenes más complejas, y recordarse como un todo. Aún así, hay límites al número de elementos independientes de que puede constar la imagen. Por ejemplo, si queremos visualizar una foto de familia con muchas personas, es posible que no podamos distinguir detalles como la expresión facial de cada uno. Si intentamos ver las caras de las personas con detalle, entonces es posible que sólo podamos visualizar una o dos caras con claridad.


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