2017 indice I. Periodización literaria



Descargar 474,79 Kb.
Página5/11
Fecha de conversión04.10.2017
Tamaño474,79 Kb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

Rimbaud (1854- 1891)
Fue un genio; a los 20 años ya había escrito toda su obra y a los 37 años había terminado su vida. Siendo uno de los poetas más grandes de su tiempo.

Sin embargo durante mucho tiempo su poesía permanecía ignorada, él mismo se despreocupaba que sus poemas fueran difundidos. Serán los surrealistas los encargados de resucitar sus poesías y junto con ellas el mito Rimbaud, el del adolescente furioso y enloquecido, que quiere cambiar la vida.

Rimbaud pensaba que el hombre se había vuelto manso y mediocre, incapaz de entusiasmo de goce auténtico.

En 1871 Rimbaud descubre lo que considera la verdadera naturaleza poética: el poeta no debe ser un artista, sino un vidente y a partir de entonces pone todo el empeño en evadirse de lo real y en la penetración del universo inexplorado de las sensaciones. Dirá: “El poeta se vuelve vidente por un logro inmenso y razonado desequilibrio de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; él mismo busca, agota en sí todos los venenos…”. (Carta a P. Demeny).

En 1873 escribe “Iluminaciones”, pero es publicada por Verlaine en 1886 y también escribe “Temporada en el infierno” (1873). Dos años después deja de escribir y comienza una serie de viajes para Europa y África, dedicándose a la aventura y al tráfico. En 1891 será repatriado en forma urgente a raíz de una grave enfermedad; muere en Marsella en noviembre de ese año.
Mallarmé (1842- 1898)
En contraste con Rimbaud, Mallarmé era obstinada y rigurosa con una veta estudiosa, monótona y sedentaria.

La lectura de “Las Flores del Mal”, define su gusto por la poesía y lo aleja de las románticos.

Sus obras y proyectos más ambiciosos son de su primera época, escritos como: “Herodías”, “La Siesta de un fauno”, “Igitur”.

Intenta alcanzar una inaccesible perfección mediante el rechazo de lo real. Necesita desterrar la idea de que la auténtica poesía puede ser leída por todos. En su opinión hay que devolverle su dignidad y preservarla de la admiración fácil y trivial.

La intención de explicar el mundo y la pureza ideal, la realiza a través de dificultosos medios.

El poeta recibe, según Mallarmé infinidad de palabras y de imágenes que le dictan, espontáneamente, ya sea la inspiración o el mundo exterior. Hay que combinarlas entre sí y hacer surgir sus analogías que permitirán el descubrimiento de los recíprocos significados. De esta superposición de imágenes surgirán sus poesías.

El simbolismo de Mallarmé permitirá el intercambio de lenguajes entre los entes, es así que “La égloga” de Mallarmé inspira a Debussy su preludio de igual nombre, y en esta música se inspirará Nijinsky para revolucionar al ballet, en 1912.
TEXTO DE LECTURA OBLIGATORIA


  • Selección de poemas de Charles Baudelaire




  1. DECADENTISMO

El Decadentismo es una corriente artística, filosófica y, principalmente, literaria que tuvo su origen en Francia en las dos últimas décadas del siglo XIX y se desarrolló por casi toda Europa y algunos países de América. La denominación de decadentismo surgió como un término despectivo e irónico empleado por la crítica académica, sin embargo, la definición fue adoptada por aquellos a quienes iba destinada.

El decadentismo fue el reflejo artístico de la transición de la economía basada en la libre concurrencia a la economía de las grandes concentraciones financieras e industriales que se manifestó en un estancamiento económico que daría lugar a la renovación del sistema productivo, a la represión de las masas populares y la preocupación por las cuestiones de tipo social.


Así como el Romanticismo, el Realismo y el Naturalismo obedecen a una lógica y a una necesidad histórico cultural, el Decadentismo responde a una manera de sentir finisecular, cuando el conocimiento del alma humana también había agotado todas sus posibilidades de comprender su existencia y sus extrañas desviaciones.

En general, esta tendencia, así como los términos que se emplean para referirse a ella, decadencia, decadentismo, decadismo y el correspondiente adjetivo decadente, han sido objeto de una valoración peyorativa sustentada no en el conocimiento global de lo que sus representantes pretendían, sino en aspectos parciales, más o menos deformados por ignorancia o por posiciones antagónicas. De esta forma, por ejemplo, siempre que se hace alusión al decadentismo, inmediatamente se asocia el apelativo a los diferentes niveles de la vida del hombre de la “belle époque”.

Si se refiere al campo artístico y literario, ser decadente implica estar vinculado a posiciones reaccionarias, elitistas, artepuristas, superrefinadas, aristocratizantes y demás adjetivos de esta clase.

En el plano moral, la palabra decadencia va unida casi siempre a una forma de vida sensualista, hedonista, de excesos de diversa índole: en el vestir, en el beber, en el uso de drogas estimuladoras, así como una falta de fe religiosa y un constante sentimiento de pesadumbre universal, de “spleen” o “énui”, que contribuyeron a acentuar aún más la disposición de “fin de siècle”. 

En el nivel sexual, el Decadentismo supone la irrupción de toda suerte de perversiones, prohibidas, malsanas, raras, es decir, de sexualidades que no buscan la reproducción de la especie, sino simplemente el placer sensorial en sus múltiples variantes: safismo o tribalismo, incesto, onanismo, sodomía, orgías, homosexualismo, sadomasoquismo, etc. En fin, no importa el ángulo que se elija, se puede decir que la palabra no ha sido concebida con buenos ojos.

Orígenes del decadentismo

El decadentismo, en cuanto a su génesis y caracterización, ha sido harto discutido, dado el hecho de que se vincula fuertemente con las otras tendencias estéticas postrománticas como el Parnasianismo, el Prerrafaelismo, el Esteticismo y el Simbolismo, denominándose decadentes a todos aquellos escritores ligados a la herencia espiritual o formal de Baudelaire, considerado el padre espiritual del decadentismo. Baudelaire descubrió la correspondencia entre perfumes, sonidos y colores y la tenebrosa y profunda unidad de la naturaleza.

También influyó en el decadentismo Rimbaud, para quien el poeta debe hacerse vidente a través de un razonado desarreglo de los sentidos. Se trata de registrar lo inefable y para ello es preciso una alquimia verbal que, nacida de una alucinación de los sentidos, se exprese como alucinación de las palabras, al mismo tiempo, esas invenciones verbales tendrán el poder de cambiar la vida. Para algunos, la alucinación de los sentidos a la que hacía alusión Rimbaud no excluía el recurso de lo que Baudelaire había definido como paraísos artificiales, es decir, las alucinaciones producidas por los estupefacientes. Sin embargo, una de las mejores expresiones de este movimiento la refleja el verso de Verlaine: yo soy el imperio al fin de la decadencia. Precisamente, Verlaine estuvo durante algún tiempo a la cabeza del movimiento, especialmente después de la publicación de "Los poetas malditos".

Unos consideran que la noción de decadencia se relaciona con un fenómeno social, con repercusiones o causas políticas en la etapa final de una civilización, como es el caso de la civilización helenística y romana en la Antigüedad, la bizantina en el Medioevo y la francesa del siglo XVIII y XIX y la inglesa del período victoriano. Sin embargo, paradójicamente, los escritores franceses decadentes no fueron, precisamente, los que asumieron el papel de heraldos de la nostalgia nacional como sí lo fueron los poetas latinos posteriores a la época de Augusto.

Los decadentes franceses, y en general europeos, jamás unieron el movimiento literario a una decadencia real de la sociedad, sin que ello quisiera decir que no hubiese motivos. La decadencia de la que hablaban era única y exclusivamente del ámbito de las letras, sin relación con un fenómeno social de naturaleza comparable. La polémica que se estableció no concernía a la realidad de una decadencia social, sino a una concepción de la literatura y el arte. Inclusive, dejaron manifiesto su desprecio por la sociedad burguesa de entonces, pero nunca vista como algo débil y agónico, sino más bien fuerte, poderosa e insoportable para la realización de la sensibilidad artística.

Varios autores han visto el origen del decadentismo en un plano de sucesión/ anteposición respecto al simbolismo, concibiéndosele, ya como una primera identidad de tal escuela, ya como una desviación. El propio Jean Moréas fue el primero en percatarse de las diferencias existentes entre ambas escuelas, proponiendo un cambio de denominación de una a otra y no un cambio de naturaleza. Dejando de lado convicciones, ya sea de considerar al decadentismo como un antecedente del Simbolismo, ya de concebirlo como un sincretismo de todas las tendencias y escuelas estéticas anteriores, o aceptarlo como una derivación finisecular, no hay duda de que el decadentismo se perfiló como una corriente literaria y artística independiente que, por frívola, no dejó de tener muchos adeptos en casi todos los países europeos y americanos.

En cuanto al momento en que surgió al corriente decadentista como tal y su nombre, se ha dicho que su paternidad se debe a Théophile Gautier, quien, en el año de 1868, en el prefacio a las "Flores del mal" de Baudelaire, habló de un ESTILO EN DECADENCIA al que el arte llega cuando las civilizaciones envejecen y alcanzan un punto de madurez extrema. En 1883, Paul Bourget, al hablar de Baudelaire, decía que este poeta DECADENTE buscaba lo que en la vida y el arte es mórbido y artificial a las naturalezas más simples, dos epítetos que, desde entonces, acompañarían a las sucesivas y constantes definiciones del decadentismo literario. 

Hacia 1885, tuvo lugar, en realidad, la fundación de la escuela decadente en las letras francesas a raíz de la revista "Le Décadent" en la cual Anatole Bajou recopiló diversas producciones de varios poetas finiseculares que estaban pasando o habían pasado por otras escuelas, pero que tenían en común el gusto por lo superrefinado. Entre esos poetas se encontraban Baudelaire y Mallarmé quienes secundaban a Verlaine, quien, además de postular la escuela para la posteridad con su verso «Je suis l’empire à la fin de la decadence», más tarde, en 1888, renovó por completo el sentido de la palabra diciendo: «Me gusta la palabra decadencia, reluciente de púrpura y de oro. Rechazo toda imputación injuriosa y toda idea de caducidad. Al contrario, esta palabra supone pensamientos refinados de extrema civilización, una alta cultura literaria, un alma capaz de voluptuosidades intensas. Podemos hacer aplicación NUEVA E IRÓNICA de esta palabra sobreentendida en ella la necesidad de reaccionar ante lo delicado, lo precioso, lo raro, contra lo insípido del Tiempo presente». De esta manera, Verlaine opuso al empleo tradicional y despectivo de la palabra, las connotaciones de origen histórico que hacen de las épocas de decadencia, momentos privilegiados de civilización y refinamiento.

Los decadentes, pues, sostuvieron la convicción de que su movimiento no constituía una decadencia en el sentido peyorativo, al contrario, lo suyo era una lucha contra la decadencia literaria existente, una voluntad de renacimiento y, tanto fue así que el decadentismo se extendió hasta 1890 combinado con otras escuelas y, desde ese momento hasta 1914, se adjudicó el estandarte artístico del efímero período que se conoce históricamente como la “belle époque”. En diferentes países europeos, así como en América, hubo representantes del decadentismo, tanto en la LITERATURA como en las bellas artes.

En el campo de las LETRAS están en FRANCIA, además de Veralaine, Baudelaire y Mallarmé quienes se mostraron decadentes en sus postrimeros momentos, J.K. Huysmans, René Ghil, Laurent Tailhade, Isidore Ducasse (Conde de Lautréamont), Alfred Jarry, Marguerite Vallete (Rachilde), Péladan, Lorrain, Schwob, Saint Pol Roux, Péguy y otros; en INGLATERRA, con el llamado dandysmo o esteticismo y los poetas del “The Rhymes Club”, se encuentran Oscar Wilde, Walter Horatio Pater, Lord Alfred Douglas, Matthew Arnold, Arthur Symons, Ernest Dowson, Lionel Johnson y otros; en ESTADOS UNIDOS con el llamado grupo de la Bohemia están Ambrose Bierce, Lafcadio Hearn, Richard Hovey, Edgar Saltus y Jammes Gibbons Hunnecker; en BÉLGICA, en donde hubo un grupo de poetas con el llamado bohemismo, Théodore Hannon, Maurice Maeterlinck, Vieté Griffin, Max Elskamp, Van Leberghe, Mockel, Fontainas; en ALEMANIA deben mencionarse Stephan George, Gundolf, Wolfskel y Bertram; en ITALIA con el movimiento de la scapigliatura (término similar a «bohemia») hay que mencionar a Gabrielle D'Annunzio y Camillo Boito.

En el campo de las ARTES PLÁSTICAS, el decadentismo se revistió con otros nombres, pero, a la postre, orientado por los mismos intereses y rasgos: en Francia, se tiene el llamado L’ART MODERNE dentro del que descuellan Hector Guimard, Majorelle, Binet, Jourdain, Emile Gallé y René Lalique. En Bélgica, tuvo lugar el conocido ART NOUVEAU, cuyos máximos ejemplos se encuentran en monumentos arquitectónicos de Victor Horta y en los cuadros de Félicien Rops, Hodler, Khnopff, Toorop. En Inglaterra, hubo una resistencia dada la fuera que tenían los ARTS AND CRAFTS, pero le dio un arquitecto notable, Charles Rennie Mackintosh. En España se conoce a Antonio Gaudí quien dio aportes significativos dentro del llamado MODERNISME o ESTIL MODERNISTA. Igualmente, en Italia, se encuentra la tendencia LIBERTY con su máximo exponente D’Aronco, en Alemania, la JUGENDSTIL y en Austria la SECESIÓN VIENESA.

Características generales del decadentismo


1. El decadentismo fue la antítesis del movimiento poético de los parnasianos y de su doctrina (inspirada en el ideal clásico del arte por el arte), a pesar de que Verlaine, uno de sus máximos exponentes del decadentismo, había sido en sus orígenes parnasiano. La fórmula pictórica y escultórica de los parnasianos (ut pictura poesis, según la norma de Horacio), se sustituye en el decadentismo por el ideal de la poesía, que tiende a la cualidad de la música.

2. El decadentismo arremete contra la moral y las costumbres burguesas, pretende la evasión de la realidad cotidiana, exalta el heroísmo individual y desdichado, explora las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente.


3. Los decadentes fueron estetas ciento por ciento y mantuvieron, buscando siempre lo aristocrático, lo quintaesenciado, lo super refinado, lo precioso, lo extraño, lo oculto, lo exótico (principalmente lo oriental) llevado a los más prolijos y desmedidos extremos en un sentido exacerbante y enfermizo.


4. Los escritores decadentes tendieron a la descripción erudita e insistieron en plasmar los detalles de las cosas y de las sensaciones.


5. Manifestaron un gusto exagerado por una originalidad artificiosa que se alejase del equilibrio y del buen decir de los modelos literarios clásicos, ya que consideraban que tales ideales llevaban no más que al inmovilismo.


6. Los decadentes no sólo le dieron poca importancia al significado recto de los vocablos, sino que los enlazaban sin sometimiento a ninguna ley sintáctica con tal de que ellos resultase alguna belleza a su manera, la cual podía ser una algarabía para los no iniciados en sus gustos.


7. El decadentismo se interesó por plasmar en la obra literaria una suprarrealidad por vía de la introspección y el escudriñamiento de un más allá por medio de los sueños y las sensaciones que dicta el inconsciente.

8. Para expresar la complejidad de sensaciones, de impresiones y de angustias que ceñían al hombre, los decadentes estaban convencidos de que ya no se podía seguir repitiendo indefinidamente los moldes y los esquemas del clasicismo y de la retórica tradicional, sino que el artista tenía que descomponerlos construyéndose un lenguaje autónomo, personal, de gran plasticidad expresiva y sugestiva.
9. Las narraciones decadentes suelen ser un híbrido de las más refinadas exquisiteces, esteticismos y provocaciones hacia lo prohibido o lo insólito que rigen la poética simbolista, y ciertos toques de realismo duro y suburbial, procedentes del naturalismo aún en boga. 

VI.- LOS SIGLOS XX y XXI


  1. Las vanguardias históricas


Contexto histórico

El cansancio de las distintas tendencias del siglo XIX, especialmente del realismo, provocó en artistas y escritores un deseo de ruptura con el pasado. Pero, por otra parte, la fractura que provocaron los movimientos de vanguardia con respecto al arte anterior estaba íntimamente ligada a los profundos cambios políticos y sociales producidos con la llegada del siglo XX. Entonces una nueva concepción del mundo comenzó a gestarse. Los puntales de lo que había sido la ideología positivista (libre comercio, fe en el progreso, idea de la redención del ser humano por el conocimiento, acceso a una mayor felicidad merced a los avances técnicos y científicos; en definitiva, aquellos elementos en los que se había sustentado la sociedad europea del XIX) se quebraron. El proceso se aceleraría durante la Gran Guerra, cuando los frutos de ese progreso, tan alabado antes, contribuían al horror de la conflagración. A partir de ahí, el "imaginado jardín de la cultura liberal" fue vencido y quedó deshecha la relativa coexistencia pacífica europea de casi un siglo, "desde la batalla de Waterloo hasta la del Somme", en palabras de George Steiner.

Sólo así, tras un proceso traumático en el que la guerra cambia el mapa europeo (para Arnold Hauser, el siglo XX comienza realmente después del conflicto), deshace imperios, provoca revoluciones y propicia el ascenso y triunfo de ideologías totalitarias, se comprende el agitado discurrir del periodo siguiente, que hemos dado en llamar "de entreguerras". Tiempo que coincide precisamente, y no es casualidad, con el momento de mayor actividad de las vanguardias.

Tampoco hay que olvidar que la guerra condicionaría personalmente a muchos de los protagonistas de dichas vanguardias, bien porque la hicieron (André Breton, Louis Aragon, Blaise Cendrars, Bertold Brecht, Ernst Weiss), bien porque murieron en ella o inmediatamente después (Franz Marc, August Macke, August Stramm, Reinhard Sorge, Georg Trakl, Guillaume Apollinaire), bien porque fueron desertores del conflicto, como ocurre con el grupo dadaísta, con Tristan Tzara a la cabeza.

La Guerra agudizó también, y de manera dolorosa, cierta idea de la inutilidad del arte por el arte, modalidad que ya no parecía tener sitio en la vida moderna. Es por eso por lo que una de las labores del creador iba a ser la de ponerse en contra de la lógica y también de la moral, el honor, la religión, la patria o la familia, elementos considerados como convencionalismos de un pasado rechazable desde todos los puntos de vista.

Todo esto tuvo su reflejo en el mundo de la cultura y del pensamiento. Se tenía conciencia de las causas, de vivir un tiempo nuevo y de que ello afectaba al arte. Se producirá así un cambio de talante que afecta a los más variados órdenes de la vida.

Otro factor importante que influye en el origen y desarrollo de las vanguardias es el referido a los avances tecnológicos. Surgen los diferentes movimientos en un momento de avances vertiginosos -y desconcertantes para el artista- en distintos campos (el cine, la radio, el avión, el rascacielos, el ascensor, el automóvil, nuevas armas de guerra, etc.). Estos avances funcionan como origen de una nueva sensibilidad artística pero a la vez como inspiración de una nueva iconografía, algo que también ocurre con respecto a la cultura urbana y los nuevos hábitos de vida característicos del siglo XX.
Características generales

El nombre de Literaturas de Vanguardia fue acuñado durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) para designar a una serie de inquietudes artísticas que se sitúan en la “avanzadilla” cultural del momento. El vanguardismo significó uno de los momentos de mayor unidad entre los artistas europeos que se proyectaron hacia la construcción de una nueva cultura y, por tanto, de una nueva sociedad.

Pero el vanguardismo no fue ni mucho menos una tendencia unitaria sino que estuvo formado por una gran cantidad de movimientos, cada uno de ellos con peculiaridades, intenciones y técnicas propias. Lo que tuvieron en común fue el deseo de crear un arte radicalmente nuevo y que rompiese definitivamente con el realismo.

Pueden señalarse, eso sí, algunas características generales comunes a los diferentes movimientos de la vanguardia:

a.- Internacionalismo. Frente al nacionalismo de la literatura anterior, preocupada por la problemática social de cada país, los artistas de vanguardia se consideraron ciudadanos del mundo -del mundo del arte, se entiende- y preocupados por cuestiones universales más que particulares.

b.- Antitradicionalismo. Desprecian todo lo heredado de periodos anteriores, tanto en lo referente a temas como a formas de expresión. De esta postura derivan algunos otros caracteres:



  • Renuncian por principio a toda ilusión de realidad (base del arte anterior). Intentarán expresar su visión de la vida mediante la deliberada deformación de los objetos naturales. Su relación con la naturaleza no se basará en la imitación sino en la “violación” de la misma.

  • Son movimientos de choque que no aspiran a permanecer mucho tiempo sino al continuo cambio. Algunos apenas llegaron a durar unas horas.

  • Buscan la originalidad, la individualidad, la diferencia, la novedad. Abren caminos nuevos, de ahí el término “vanguardia”.

c.- Es un arte intelectual, minoritario y dirigido solamente a aquellos que son capaces de comprenderlo.

d.- Es un arte fiel a su época y por eso refleja el espíritu de su tiempo: las máquinas, el progreso, la técnica, las diversiones, el deporte, el humor, pero también refleja los aspectos más negativos de la sociedad moderna.

e.- Es un arte fundamentalmente feo, el primero en acentuar de forma general lo grotesco en nuestra cultura occidental.

f.- Es un arte deshumanizado, desprovisto de sentimientos y pasiones humanas. El arte se reduce en muchas ocasiones a simple juego formal.

g.- Busca la espontaneidad, no el trabajo previo y minucioso. h.- Su tema principal será la contradicción. Este hecho explica, por ejemplo, que algunos movimientos exalten los valores positivos del mundo moderno (futurismo), mientras que otros se centran en los aspectos negativos (expresionismo o surrealismo).

i.- El arte de vanguardia se valdrá de dos herramientas principales:



  • El humor, porque es útil para desmitificar y desdramatizar

  • La metáfora (culto a la imagen), en la que los términos que se comparan tienen poca relación entre sí.

j.- Libertad absoluta del artista. Libertad llevada hasta el extremo, por ejemplo, de romper con la lógica o con los idiomas conocidos.

k.- Existencia de una conciencia de grupo dentro de los distintos movimientos, manifestada en una común sensibilidad artística, en la tendencia a la institucionalización de los postulados en manifiestos y en la existencia de órganos de expresión comunes (revistas, exposiciones, reuniones y otras actividades).

l.- Relación de dependencia entre distintas artes: la pintura invade la lírica, la música se traslada al verso, la letra llega a los cuadros, el pensamiento determina la plástica, etc. En este sentido, tuvo mucha importancia el cine, visto a modo de amalgama de distintas artes: pintura, literatura, escultura, música, novela, teatro. También se advirtió la capacidad del cine para generar mitos nuevos que superasen los ya agotados (Charles Chaplin, Buster Keaton, Greta Garbo, etc.).
Las Vanguardias en Europa: principales movimientos
Los movimientos de vanguardia fueron fundamentalmente europeos y buena parte de ellos mayoría tuvieron raíz francesa, en la medida en que sus pautas se marcaron desde París, que ya había sido el lugar de origen de anteriores tendencias de carácter renovador, como el Simbolismo el Impresionismo y el Modernismo. En París se gestaron movimientos como el cubismo, el futurismo y el surrealismo. Pese a ello, conviene recordar la existencia de otros grupos que tuvieron su centro de irradiación lejos de esta ciudad, como es el caso del expresionismo, pronto adscrito a Alemania, del dadaísmo del Zurich neutral de la guerra, del rayonismo ruso (síntesis de cubismo, futurismo y orfismo), del imaginismo inglés (también llamado vorticismo, que desarrolla Ezra Pound sobre la base de nuevos ritmos e imágenes bien definidas), sin olvidar otros movimientos más exóticos, como el estridentismo mexicano o el vibracionismo, variante futurista que desarrolló el uruguayo Rafael Barradas en Barcelona. A estos movimientos podríamos añadir otros “ismos”, siguiendo a Guillermo de Torre: superrealismo, purismo, constructivismo, neoplasticismo, abstractivismo, babelismo, cenitismo, simultaneísmo, primitivismo, panlirismo, etc.




1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal