17 origen del lenguaje [Capítulo 17 de El enredado ovillo de la lengua y un intento por desenmarañarlo



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17____ORIGEN DEL LENGUAJE

[Capítulo 17 de El enredado ovillo de la lengua... y un intento por desenmarañarlo. © Leopoldo Wigdorsky, 2002]



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El lenguaje es el rubicón que separa al hombre de las bestias__ (Max Müller)

Los lingüistas y los antropólogos han logrado reconstruir familias de lenguas pero, hasta ahora, poco han podido avanzar objetivamente sobre el origen o los orígenes del lenguaje, disciplina que recibe el nombre de "glottogenesis". Es que preguntar por el origen del lenguaje equivale a preguntar por el origen del ser humano. El primate o antropoide, por mucho que se parezca al ser humano, no es ser humano sencillamente porque carece de lenguaje. En consecuencia, las mismas posiciones filosóficas que surgen cuando se discute la aparición del ser humano, aparecen cuando se aborda la aparición del lenguaje. Lo que está claro es que son problemas que no pueden ser resueltos por la ciencia (biología, lingüística, etc.) en su estado actual y que, en consecuencia, es necesario recurrir a explicaciones extracientíficas o metacientíficas de naturaleza especulativa.


La glottogenesis debe responder a varias preguntas. Por ejemplo:
1 ¿Cómo se originó la "denominación", es decir, el asignar nombres a las cosas, las palabras?

2 ¿Cuándo se originó la denominación?

3 ¿Dónde se originó la denominación?

4 ¿Cómo se originaron las lenguas, es decir, la combinación de palabras en frases y la combinación de frases en ____oraciones?

5 ¿Hubo una sola o varias lenguas originales?

6 ¿Cuándo se originó la primera lengua o cuándo se originaron las primeras lenguas?

7 ¿Dónde se originó la primera lengua o dónde se originaron las primeras lenguas?
Las especulaciones en torno a algunas de estas preguntas son básicamente de tres tipos: (a) el origen divino del lenguaje, (b) las teorías populares o de desarrollo natural sobre el origen del lenguaje y (c) las teorías evolutivas sobre la misma materia.

A. ORIGEN DIVINO DEL LENGUAJE

Es natural, en atención a lo expuesto en el párrafo precedente, que casi todas las religiones ofrezcan alguna explicación para el origen de la palabra y el lenguaje. Las religiones coinciden en que la palabra y el lenguaje tienen un origen divino. Según las creencias del antiguo Egipto, el lenguaje fue creado por el dios Thoth, en tanto que la antigua religión babilónica atribuía la creación del lenguaje al dios Nabu. Según el Hinduismo, el lenguaje es obra de la diosa Sarasyati. En la tradición judeocristiana, Jehova creó la luz mediante el lenguaje ("3. Y D_s dijo, 'Que exista la luz' Y hubo luz", tercer versículo del capítulo primero del Bereshit, o Genesis, de la Tanach, Antiguo Testamento judío); San Juan Evangelista es más directo: "En el comienzo fue el Verbo, y el Verbo estuvo con Dios, y el Verbo era Dios" (San Juan 1.1). Adán, en tanto, fue el iniciador humano del acto de "nombrar" o designar: "Todo lo que Adán nombró recibió ese nombre" (Génesis, 2:19). Fue así como todos los seres humanos hablaron una misma lengua, hasta el incidente de la Torre de Babel, en que la lengua única se fraccionó en cientos o miles, haciendo que los seres humanos no pudieran comunicarse entre sí. Curiosamente, a miles de kilómetros de distancia, en el imperio maya, también había una tradición semejante: la lengua presuntamente única se habría fraccionado en la Torre de Tolula. El origen divino del lenguaje se asocia, por lo general, con la creencia de que las palabras y las frases tienen poderes supernaturales, y prácticamente todas las religiones recurren a variedades especiales de las lenguas para los ritos y las oraciones. Ha habido y hay lenguas litúrgicas, como el sánscrito clásico y el copto, y formas especiales de enunciación religiosa, como los "mantras" del hinduismo y los rezos de casi todas las religiones: estas fórmulas, frecuentemente líricas y ocasionalmente acompañadas de cantos, son empleadas para rogar a un antepasado o a un ser supremo:
Hare Krishna, Hare Krishna
Krishna, Krishna, hare, hare
Hari Ram, Hari Ram
Ram ,Ram
Hari, Hari
________________ (Hare Krishna Mahamantra)

(Oh Krishna, Oj Rama, Oh energía de Krishna/Rama, Haz que te sirva y ayúdame a estar cerca de Ti)



Las diversas explicaciones divinas sobre el origen de las palabras y el lenguaje coinciden en ser monogenéticas, es decir, en postular que originalmente se creó una sola lengua, de la cual luego se derivaron miles de lenguas. Quienes disienten del origen divino del lenguaje suelen aceptar la posibilidad de que el lenguaje haya aparecido originalmente en varios lugares del planeta, sin que existiera relación entre los seres humanos que las hablaban; es decir, suelen postular hipótesis plurigenéticas sobre el origen del lenguaje. Durante gran parte de la Edad Media, en occidente se creyó que todas las lenguas que existían y habían existido provenían del hebreo, "la lengua de la Biblia". Obviamente, era una creencia de nulo asidero histórico por cuanto el hebreo clásico, aparte de no ser la única lengua de la Biblia, tiene menos de cuatro o cinco mil años de existencia (Según los datos que aporte la Biblia, Adán habría sido creado hace unos 5.000 años). Hacia fines del siglo 18, cuando los europeos estudiaron el sánscrito y se vislumbró su relación con el latín y otras lenguas de Europa, muchos postularon que el sánscrito, ya no el hebreo, era la lengua original. Demás está decir, por las mismas razones que se refuta el "hebraísmo", que el sánscrito -ni ninguna lengua conocida- dio origen a las diversas lenguas del mundo. En el siglo diecinueve, cuando se progresó mucho en la comparación de lenguas y se logró reconstruir una lengua hipotética común a casi todas las lenguas de Europa y varias lenguas de Asia, el protoindeouropeo, los lingüistas y otros hombres de ciencia solían mofarse de la creencia en el origen divino del lenguaje. Era un resultado natural de la fe ciega que entonces se tenía en la ciencia. El siglo veinte trajo mucho progreso científico y, con él, el cuestionamiento de la fe ciega en la ciencia para resolver problemas. Los lingüistas de los siglos veinte y veintiuno, al igual que los lingüistas del siglo diecinueve, pensamos que la ciencia debe ser objetiva, pero no nos atrevemos a burlarnos de nada. Si consideramos el sicoanálisis, por ejemplo, tenemos que aceptar que algo hay de mágico en el lenguaje, puesto que es capaz de curar muchas dolencias. Pensamos que, aun cuando hablemos de "hipótesis" o "teorías", seguimos especulando sobre el tema. Hay razones adicionales para que lingüistas y antropólogos debamos sentirnos modestos por lo logrado. El protoindoeuropeo, por ejemplo, hasta ahora el mayor logro de la lingüística comparativa o histórica, surgió al norte del Mar Negro y el Mar Caspio, al sur de los Urales, hace unos 6000 años. Una antigüedad semejante es atribuida a las protolenguas de otras familias de lenguas, aproximadamente 300. Esto es mucho antes del invento de la escritura, hace unos 3000 o 4000 años, pero muy posterior a la aparición del lenguaje que, según la comparación de diversas familias de lenguas, se estima en 130.000 años, en el caso de que hubiera existido sólo una lengua original, y 100.000 años, en el caso de que hubieran existido diez focos de aparición del lenguaje (Nichols). ¿Qué otras lenguas, cuyos restos han desaparecido, se hablaban hace 50.000, 100.000 ó 150.000 años? Según los datos que han aportado la arqueología, la biología evolutiva, la antropología y la sicología evolutiva, el lenguaje tendría una antigüedad que varía entre los 30.000 y los 3 ó 4 millones de años. Como se puede apreciar, el asunto está en un terreno donde queda mucho por descubrir.

B. TEORÍAS POPULARES O DE DESARROLLO NATURAL



Las "teorías populares" se preocupan sólo del origen de las palabras y soslayan el origen de la combinación de palabras, es decir, de las lenguas. Van un poco más allá que las simples creencias, pues tienen algún asidero, así sea tenue, en algún hecho o algunos hechos del lenguaje. Palabras como hipo, tictac, maullido, mamá, guagua o balido, parecen sugerir que las palabras imitan los sonidos de los animales o la naturaleza; con base en ejemplos como éstos, se formuló la "teoría onomatopéyica" sobre el origen de las palabras y el lenguaje. También parece apoyarla el "simbolismo fónico", el parecer de que algunos sonidos del lenguaje tienen una relación con los sonidos de la naturaleza; una palabra, así sea inexistente o desconocida para nosotros, como tis o ik sugiere un objeto pequeño o una acción breve, en tanto que maluma insinúa algo viscoso más o menos informe, algo así como magma, palabra que sí existe. La [i] o sus variantes suele indicar algo pequeño, breve o poco importante, en tanto que la [a] y la [o] o sus variantes suelen indicar algo grande, lato o importante: por ejemplo, wee, little (pequeño, en inglés), liten (pequeño, en sueco), las terminaciones de diminutivo -ito/a e -inho/a en castellano y portugués, respectivamente (chiquito, chiquinho), todas estas palabras o morfemas contrastados con el concepto de "grande", como grande, gross (alemán), large (inglés), stor (noruego), mawr (galés), chang-om han (coreano). Otro posible ejemplo de simbolismo fónico es el sonido [m] para el concepto de maternidad o madre, como mamá, mother (inglés), Mutter (alemán), mère (francés), mater (latín), umm (árabe), ma (chino) y así sucesivamene. Mamma significaba "pecho femenino" en latín, y de ahí vienen mamífero, mamario y muchos otros derivados. Como sabemos, la Pachamama, la madre tierra, era la diosa incaica de la fertilidad. La teoría del "simbolismo fónico", expresada por Max Müller, repite la creencia de Cratilo en el sentido de que la forma fónica de las palabras proviene directamente de sus respectivos referentes. Fue una creencia que se mantuvo por más de mil años por cuanto prometía desvelar el origen mismo de las cosas. [Algunas personas han formulado la observación de que, en el castellano de Chile y otros geolectos, las palabras con "ch" suelen tener referentes desagradables, como chancho, chucha, concha, cacha, pichula, pucha, cartucha, chusma, chuchería, roncha y así sucesivamente]. Sin embargo, resulta fácil refutar la teoría onomatopéyica. De partida, en cualquier lengua, las palabras onomatopéyicas o supuestamente onomatopéyicas son poquísimas y, además, las onomatopeyas varían de lengua en lengua; bang del inglés es golpe en castellano, hiss es susurrar, clap es aplaudir, y se puede seguir con una larga lista de incongruencias interlingüísticas. ¡ Los perros "dicen" guau guau en castellano, pero bow wou, [bau wau] en inglés, en tanto que los gallos, que aquí "dicen" quiquiriquí, en los países angloparlantes "dicen" cookle-doodle-doo [kukl-dudl-dú]! De ser cierta la teoría onomatopéyica, las palabras onomatopéyicas serían las mismas o muy semejantes en todas las lenguas. Otra teoría popular postula que el origen del lenguaje se encontraría en los gritos o sonidos instintivos que, tanto los humanos como los animales superiores, emitimos espontáneamente en respuesta a un estímulo o para llamar la ocasión. Ésta es la explicación que, entre otros, dieron Charles Darwin y Jean Jacques Rousseau. Esta "teoría" explica poco o nada porque (a) los simios o los felinos, tan antiguos como los humanos, continúan gritando o maullando y (b) deja sin aclarar cómo y por qué los gritos inarticulados se habrían transformado en el lenguaje articulado. Otras teorías populares sitúan el origen de las palabras en los gruñidos o exclamaciones rítmicos que acompañan el trabajo, al apareamiento, la cacería, la lucha o la emoción, en general.

C. TEORÍAS EVOLUTIVAS



A comienzos del siglo 19, Charles Darwin postuló la teoría de la evolución, según la cual el ser humano proviene, por evolución selectiva, de un animal, posiblemente de algún tipo de simio. Uno de los procesos distintivos en la evolución humana sería el bipedalismo, es decir, el marchar en dos patas. El marchar erguido habría producido cambios físicos que hicieron necesario el lenguaje articulado. David McNeil mantiene que, como consecuencia del bipedalismo, se estrechó el canal del parto, lo que -a su vez- es causa de que el período de gestación de los humanos sea relativamente corto, menos de 1/60 que el promedio de vida. Como resultado de esto, los bebés humanos son más desamparados que los bebés de todas las otras especies y, para sobrevivir, se ven obligados a llorar y gritar. El llanto y los gritos constituyen el primer medio de comunicación oral. Phillip Liebermann comparó la estructura craneal de bebés humanos, el "hombre de Neanderthal" y los chimpancés, y llegó a la conclusión de que sólo los humanos poseen el tipo de estructura craneal que permite producir los sonidos del lenguaje articulado. Esto se complementaría con la observación de que las "partes blandas" del cuello y la cabeza, como la laringe y la lengua, son muy diferentes -muchísimo más desarrolladas- en el ser humano que en sus "primos" simios. Se observará que las observaciones precedentes se refieren a una probable evolución física y tratan de explicar exclusivamente el lenguaje articulado, es decir, el habla. Sabido es, sin embargo, que el lenguaje se define por su naturaleza simbólica y no por su naturaleza oral ni ninguna otra característica física. Dicho en otros términos, la fonología (o sus equivalentes, como la escritura o los lenguajes por señas) es tan sólo marginal al lenguaje y puede ser substituida por cualquier otro medio de expresión, tales como el movimiento de los ojos y las cejas, o algún tipo de danza. Es decir, los sonidos (o sus equivalentes) tan sólo "envuelven" el elemento abstracto, el símbolo, que es lo esencial.


Por lo demás, si los cambios físicos que se mencionan no se hubieran producido o hubieran sido en otro sentido, ¿el ser humano no hubiera desarrollado lenguaje? Los seres extraterrestres que nos trae la ficción científica (science fiction) suelen tener aspectos físicos rarísimos (una pelota, por ejemplo) pero, casi sin excepción, poseen una inteligencia superior y sistemas de comunicación muchísimo más eficientes que el lenguaje humano ...hasta suelen recurrir a la telepatía. Si bien es cierto que la ficción científica es sólo eso, ficción, frecuentemente sugiere cambios o verdades. Pensemos en las novelas de Julio Verne o James Orwell; el Newspeak de "1984" se parece mucho al lenguaje en siglas (Unesco, politburó, nazi, etc.) y a las simplificaciones o restricciones a que ha obligado la informática. Todo parece señalar, entonces, que la evolución física no era suficiente (ni, a lo mejor, necesaria) para que apareciera el lenguaje. Es así como se ha señalado que era necesaria una evolución neurológica. Según Eric Lenneberg, los cambios evolutivos en la estructura del cerebro humano permitieron el desarrollo del lenguaje; uno de los cambios principales sería la "lateralización", es decir, el asignar tareas específicas a cada hemisferio cerebral. En los cerebros de todas las bestias, ambos hemisferios cumplen las mismas funciones y es así como, por ejemplo, son ambidiestros, es decir, hacen lo mismo con la garra izquierda que con la derecha. El ser humano, en cambio, asigna un hemisferio el comando de la mano "principal", por así decirlo, y al otro hemisferio el comando de la mano "secundaria". Aquí, es necesario aclarar que el ser humano nace con un cerebro no lateralizado, y que la lateralización se desarrolla con el crecimiento; para algunos neurólogos, la lateralización se completa alrededor del quinto año de vida, en tanto que, para otros, la lateralización se completa en la pubertad, es decir, alrededor de los trece años. Otra teoría que se basa en la lateralización cerebral es la "hipótesis de la edad crítica": algunos aprendizajes, incluido el aprendizaje de lenguas extranjeras (Stephen Krashen), son más rápidos y de mejor calidad antes de que se complete la lateralización. Según Krashen y otros lingüistas o sicólogos, la "adquisición" de una lengua extranjera sólo es posible antes de los cinco años de edad o si se cumplen otras condiciones, como las de un entorno natural. Esto nos lleva a la evolución social como causante de la aparición y desarrollo del lenguaje. Es concebible que algunos hitos en la historia de la humanidad, como el establecicimiento de una pareja estable o el paso de grupos sociales primarios a grupos secundarios, conjuntamente con el desarrollo de ciertas tecnologías, hayan tenido contribuido al desarrollo del lenguaje. El descubrimiento del fuego, por ejemplo, que hizo posible cierta convivencia nocturna, puede haber contribuido a que un lenguaje gestual fuera reemplazado por el lenguaje vocal. Posiblemente Aristóteles tuvo ambos factores en mente, el desarrollo social y el desarrollo tecnológico, cuando se refirió al lenguaje como el organon o instrumento. Parece evidente que la evolución social (Lenski) impusiera mayores demandas lingüísticas. La etapa primitiva, caracterizada por la caza, habría requerido de apenas algunas señales, en tanto que la etapa siguiente, de tipo horticultural y pastoril, habría requerido una comunicación más compleja. La etapa siguiente, la etapa agraria, requirió colaboración entre varias personas, lo que posiblemente hizo necesaria la aparición de lenguas complejas. Las demandas de las dos etapas más recientes, la etapa industrial y la etapa posindustrial no podrían ser resueltas sin lenguas de alta complejidad y gran poder comunicativo. Debemos al biólogo británico Richard Dawkins el término "meme". Un meme es una señal portadora de información (o desinformación) que viaja en las dimensiones espacial y temporal de los seres humanos. Según Dawkins, la evolución social depende de los hábitos migratorios de los memes, de manera semejante a como la evolución biológica depende de la circulación de los genes. Los memes, entonces, son ideas o creencias que se expanden por las sociedades y que, como tales, requieren de desarrollo de lenguaje. Un ejemplo de meme son los "virus" que atacan o atacarían nuestros computadores, y que han dado origen a toda una manera de hablar sobre un tema cuya realidad es discutible. Una forma de aproximarnos al desarrollo del lenguaje en la especie (filogenia) es estudiar el desarrollo del lenguaje en el individuo (ontogenia), según el postulado evolutivo de que la ontogenia reproduce la filogenia. La guagua pequeñita sólo llora y grita, pero a medida que crece y se desarrolla, descubre que esos y otros sonidos le sirven para llamar la atención y obtener objetos o cuidados. Pasados los dieciocho meses de vida, descubre que tiene que integrarse a la familia, lo que le obliga a desarrollar a "nombrar" objeto y, cuando alcanza los 24 o 30 meses de vida, desea integrarse a grupos de juego, lo que la obliga a formar oraciones. Vemos entonces que, en el individuo, el desarrollo del lenguaje depende del desarrollo biológico, neurológico y social. Si esta especulación es válida, entonces es poco lo que hemos progresado, en este terreno, en los últimos ciento cincuenta años. Todo parece indicar que desarrollo lingüístico, social y biológico se encuentran íntimamente relacionados. Por ejemplo, el machismo que encontramos en la semántica y hasta en la morfosintaxis de casi todas las lenguas es el resultado -en parte, al menos- de un modelo cultural de tipo patriarcal (que desplazó al modelo matriarcal en las culturas del Cercano Oriente y de la India hace apenas unos 7000 o 10000 años) que depende, en primer lugar, de la diferenciación sexual bipolar que se basa en la función reproductiva y, en segundo lugar, del control total, por parte de los hombres, de la función reproductiva de las mujeres, el que se proyecta a un control total de las mujeres. Es el modelo cultural que, con sus consecuencias en las formas lingüística, prima en las cultural judeocristiana, musulmana e hindú.

Bibliografía de referencia

Dawkins, Richard. The Selfish Gene. OUP. 1990

Blackmore, Susan y Richard Dawkins. The Meme Machine. OUP. 1999

Nichols, Joanna. Linguistic Diversity in Space and Time. Chicago. The University of Chicago Press. 1992

Herder, Johann Gottfried von. Outlines of a Philosophy of the History of Man (Translation, 1800)

Jespersen, Otto. Language: Its Nature, Development and Origin. Londres. Allen & Unwin. 1934 (Primera edición, 1922)



Müller, Max. Lectures on the science of language. New Englander and Yale Review. Vol. 21, Issue 80. Kingsley, publisher. New Haven, Con. 1862


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