1. La teoría del texto


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3. Valoración global del texto (1 punto)


Valoración sobre el contenido a partir de la cultura y el conocimiento del mundo por parte del alumno.
Adhesión o convergencia

Rechazo o divergencia

Vigencia de la información

Interés general o restringido

Adición de rasgos personales basados en los conocimientos culturales, interdisciplinares, etc.

Enriquecimiento con elementos que denoten dominio del lenguaje como ironías, citas, recursos creativos, etc.

No olvidar el carácter expositivo/argumentativo del texto y, por lo tanto, ajustarse a las normas de éste: claridad, precisión, distanciamiento con el receptor (no usar el tú para designar al corrector ¡Mejor no nombrarlo!), terminología adecuada, etc.

Mínimo de 10 a 15 líneas


Una construcción correcta, coherente y adecuada del texto y la manifestación del dominio lingüístico a través de la precisión y la ejemplificación técnica, precisa y adecuada, puede aumentar la puntuación (o, en su defecto, menguarla). En cuanto a la ortografía, se reitera el compromiso formal, adquirido por el profesorado de la asignatura ante el coordinador, de penalizar extremadamente el uso incorrecto de ésta, llegando hasta el extremo de impedir que prosperen ejercicios con abundantes y reiteradas faltas.
APÉNDICE 1: EL LENGUAJE LITERARIO

1) Concepto de obra literaria


Es muy difícil definir la Literatura. Una tradición que se remonta a Aristóteles la define como “arte de la palabra” (así como las demás artes emplean otros materiales, colores la pintura, sonidos la música, etc., la literatura utiliza el lenguaje como material). Actualmente la literatura, dentro de su ambigüedad, es definida como un tipo especial de comunicación, con independencia de su realidad, pues toda obra literaria es un Mensaje que lanza un Emisor destinado a un Receptor.

Podemos definir la Obra Literaria como un acto peculiar de comunicación lingüística, con un conjunto de rasgos que la configuran como:


- dirigida a receptores indefinidos, universales y atemporales

- destinada a la perduración

- desinteresada; es decir, no práctica

- de naturaleza estética, por lo tanto, destinada a proporcionar al público emociones de orden intelectual

- con estructura sólida y fija, para que se deba presentar siempre tal y como fue escrita

2) Estructura de la obra literaria


Cualquier obra literaria (desde un soneto a una novela) consta de un contenido y de un continente (fondo y forma), pero fundidos en solidaridad absoluta: si expreso de otro modo un poema o El Quijote, aunque el contenido sea el mismo, los habré destruido.

No existen contenidos específicamente literarios: cualquier experiencia común, cualquier suceso trivial pueden convertirse en literatura, si hallan un autor capaz de hacerlo. Por el contrario, existen formas específicamente literarias. Queremos decir que lo que convierte un contenido cualquiera en literatura es la forma. Por forma entendemos:

a) los materiales lingüísticos: sonidos, palabras, construcciones.

b) la estructura (manera de distribuirse, tanto el contenido como los materiales lingüísticos, en la obra literaria)


3) El lenguaje literario: características


La lengua literaria es, por tradición, la lengua escrita culta (por lo tanto, lengua no especial), en la que se introducen palabras poco usuales (cultismos, arcaísmos, neologismos) y artificios de toda índole, como métrica (rima, acentos en lugares fijos y repetidos, encabalgamientos, etc.), figuras literarias, repeticiones de palabras, las mismas estructuras sintácticas, etc.

Para muchos lingüistas, el lenguaje literario constituye un desvío del común; para otros, una lengua aparte. En realidad, no difiere en lo esencial del que empleamos corrientemente. El escritor utiliza el mismo código lingüístico, pero difiere en la función empleada. Frente a otros niveles del lenguaje en los que las funciones más empleadas son la denotativa, la apelativa y la expresiva, aquí se emplea, por encima de las otras, la función poética o estética, que busca la belleza mediante artificios como los ya mencionados.

La lengua literaria hace uso continuo de la connotación, es decir, las palabras no son monosémicas, sino que pueden evocar más de un significado.

El escritor, para sorprendernos con su manera especial de decir las cosas, ha de usar el código lingüístico de modo extraño o, por lo menos, diferenciado de su uso normal. En ciertos casos extremos, puede llegar a la ininteligibilidad, como sucede con ciertos poetas barrocos o surrealistas, por poner algún ejemplo.

El autor emplea, pues, artificios extrañadores. El más evidente es el verso, que impone al lenguaje violencias como la isometría (número igual de sílabas), las rimas, los acentos en lugares fijos, pausas, etc. Pero también aparecen los artificios en la prosa, o incluso entre escritores que tienen fama de ser sencillos y llanos.

Los medios para producir la “extrañeza” en la lengua literaria son muchos y variados, afectando a cada uno de los subsistemas de la lengua (para ampliar esta sección, véanse - y estúdiense- los distintos recursos que vienen posteriormente).


4) Formas de la lengua literaria


- Según el ritmo prosódico: verso o prosa

- Según la forma interior:


a) Narración, que consiste en contar con palabras los acontecimientos, los sucesos que los seres realizan.

b) Descripción, que suele definirse como una pintura hecha con palabras, que nos muestra tanto a los seres como a las cosas. Cuando se refiere a personas se llama retrato. Este puede ser exclusivamente descripción del aspecto físico, y lo llamamos prosopografía; o del aspecto moral o etopeya.

c) Diálogo, en el que se reproducen conversaciones entre personajes, principalmente en el teatro.

d) Exposición o enunciación, utilizada para la expresión de ideas o sentimientos ordenados.

Lo más frecuente es la combinación de las distintas formas.

Lenguaje literario: esquema

externo: el lenguaje y los géneros

CODIGO
interno: la obra misma
EMISOR MENSAJE RECEPTOR

. autor-creador (intangible) (universal y no intercam­biable)

comunicación centrifuga

y

pluridireccional



CONTEXTO

1. La obra misma


2. Situación de lectura: competencia del lector y condiciones de lectura (tiempo y sociedad)
CANAL

.Ruido: incompetencia del lector

distancia cronológica y cultural

ADIVINANZA EN FORMA DE OCTÁGONO



Coloque cada una de las 8 frases en cada una de las 8 lí­neas, de modo que, leí­das del 1 al 8, formen dos ora­cio­nes paralelas.


1 Tú en el centro 5 Este y Oeste Norte y Sur

2 El cuchillo del sol 6 Reparte este pan

3 Parte este octágono 7 El abismo está en el centro

4 Ojos nariz manos lengua orejas 8 Ver oler tocar gustar oír

VIENTO, AGUA, PIEDRA


El agua horada la piedra,

el viento dispersa el agua,

la piedra detiene el viento.

Agua, viento, piedra.


El viento esculpe la piedra,

la piedra es copa del agua,

el agua escapa y es viento.

Piedra, viento, agua.



El viento en sus giros canta,

el agua al andar murmura,

la piedra inmóvil se calla.

Viento, agua, piedra.


Uno es otro y es ninguno:

entre sus nombres vacíos

pasan y se desvanecen

agua, piedra, viento.



APÉNDICE 2: FIGURAS RETÓRICAS

DEFINICIÓN.
Entendemos por figura retórica toda modificación del uso normal y corriente del lenguaje; para que dicha modificación se considere realmente como una figura retórica debe obedecer al propósito de alcanzar una expresión innovadora y atrayente. Las figuras aparecen, sobre todo, en el ámbito del lenguaje literario, lo cual no significa que sólo podamos encontrarlas en él. Tanto en el uso cotidiano como en los distintos lenguajes especializados es posible hallar un inventario rico y variado de figuras; algunas de ellas se utilizan casi inconscientemente; otras son deliberadas, y responden a los más diversos propósitos: la persuasión (en el mundo de la publicidad), la necesidad de captar rápidamente la atención del lector y de saber mantenerla (en el periodismo), el afán de crear un efecto estético (en la literatura), etc.
El término retórica procede del latín rhetorica, el cual, a su vez, procede de una palabra griega que significa “el arte de la elocuencia”, es decir, el arte de hablar bien en público y de convencer a la audiencia. Para cumplir este propósito, el rhetor, es decir, el orador, debía conocer y emplear correctamente una serie de recursos que, en su mayor parte, coinciden con lo que actualmente denominamos figuras. En su aplicación contemporánea al terreno de la literatura la retórica se ocupa de estudiar aquellos recursos expresivos que permiten al escritor conseguir los fines que en cada caso se proponga, y que pueden ser muy diversos: persuadir, enseñar, entretener, emocionar, crear belleza, etc.
A la hora de analizar una determinada figura retórica no basta con identificarla, sino que es preciso valorar y explicar la importancia y significación que dicha figura alcanza en un texto concreto. El objetivo que tenemos que perseguir no es, no debe ser, la confección de una lista o inventario inconexo y deslavazado de recursos retóricos, sino la adquisición de la capacidad para determinar en cada caso el significado de una figura, es decir, para explicar qué función desempeña o qué efecto artístico produce, y por qué ha sido utilizada por el autor. Debemos tener en cuenta también ciertas normas de sentido común: en primer lugar, señalar aquello que es importante y no lo que es accesorio e insignificante; no hay que obsesionarse con la identificación de aquellas figuras que en cada caso se conocen mejor, porque tal actitud sólo conduce a la aparición de errores mayúsculos. Ocurre también con mucha frecuencia que en un mismo fragmento (sintagma, oración o verso) coinciden dos, tres, cuatro e incluso más figuras a un mismo tiempo; ser capaz de indicarlas todas es prueba de madurez y sensibilidad, pues el texto literario es un conjunto dotado de múltiples sentidos y trabajado con esmero por el autor. Por último, téngase en cuenta que, aunque las definiciones estrictas y "académicas" de las figuras no importan tanto como su identificación y análisis, el alumno está obligado a conocer la terminología y a aplicarla con acierto.
Para un mejor entendimiento y aprendizaje de la gran variedad de figuras existente, podemos clasificarlas según ciertas categorías: figuras de posición, de repetición, de amplificación, de omisión y de apelación. Un grupo aparte lo constituyen los tropos, cuyo rasgo característico es, frente al resto de figuras, la aparición de cambios de significado en los elementos lingüísticos empleados.


CLASES DE FIGURAS RETÓRICAS.
1. FIGURAS DE POSICIÓN.
El criterio que distingue estas figuras es el cambio o la ruptura del orden normal de los elementos que componen una oración. Hay que ser especialmente cuidadoso a la hora de identificar este tipo de figuras, ya que en castellano el orden de las palabras es muy flexible, y admite muchas combinaciones que a menudo tienen muy escasa -o ninguna- relevancia expresiva (tan correcto es decir "Juan juega con sus amigos en el parque" como "En el parque juega Juan con sus amigos" o "Con sus amigos en el parque juega Juan"). Se distinguen dos grupos de figuras de posición.

1.1. POR RUPTURA DEL ORDEN REGULAR

DE LOS ELEMENTOS DE LA ORACIÓN.
1.1.1. Anástrofe: consiste en la inversión en contacto de dos elementos sucesivos de la oración, que pueden ser sujeto y predicado, verbo y complemento, sustantivo y atributo. Hay que tener en cuenta que en castellano la posición de las palabras es muy libre, y por tanto deberemos ser cuidadosos con la identificación de esta figura; por otro lado, en muchos casos apenas se distingue del hipérbaton (en realidad, no sería erróneo considerar la anástrofe como una mera variedad del hipérbaton).
Era del año la estación florida

(Luis de Góngora. El orden normal sería "Era la estación florida del año". El sujeto y su complemento determinativo han variado sus posiciones respectivas)


Colgate el mal aliento combate

(anuncio de dentífrico; en este caso se ha variado el orden -objeto directo+verbo en vez de verbo+objeto directo- para favorecer el sonsonete publicitario).


1.1.2. Hipérbaton (el plural es hipérbatos): consiste en la separación de dos elementos sintácticamente unidos mediante la intercalando un elemento ajeno de una o más palabras, que normalmente no corresponde a esa posición. Debido a la libertad de posición en castellano tendremos que tener cuidado al señalar esta figura; en todo caso, el hipérbaton será tanto más claro cuanto más fuerce el orden habitual.

Quien quisiere ser culto en sólo un día

la jeri (aprenderá) gonza siguiente...

(Francisco de Quevedo)




Inés, tus bellos, ya me matan, ojos,

y al alma, roban pensamientos, mía,

desde aquel triste, en que te vieron, día,

con tan crueles, por tu causa, enojos

(Lope de Vega)

Una variante del hipérbaton es la tmesis, que consiste en la separación de una palabra mediante intercalación de otros elementos sintácticos, que se introducen entre las dos partes de la palabra. El primer ejemplo de hipérbaton (Quevedo) es también un ejemplo de tmesis.


1.1.3. Mixtura verborum: se produce cuando la acumulación de anástrofes e hipérbatos es tal que aparece un auténtico caos sintáctico.
De este, pues, formidable de la tierra

bostezo, el melancólico vacío

a Polifemo, horror de aquella sierra,

bárbara choza es, albergue umbrío,

y redil espacioso donde encierra

cuanto las cumbres ásperas, cabrío,

de los montes esconde: copia bella

que un silbo y un peñasco sella

(Luis de Góngora)
1.1.4. Hipálage o enálage: es una figura gramatical apoyada en el cambio funcional de una parte del discurso por otra; se aplica especialmente al cambio de posición de un adjetivo, cuando éste refiere gramaticalmente, en vez de al sustantivo al que debía ligarse semánticamente, a otro sustantivo del contexto.
Yo fatigo sin rumbo los confines

de esa alta y honda biblioteca ciega

(Jorge Luis Borges; el adjetivo ciega, que es aquí adyacente de biblioteca, se refiere en realidad al propio protagonista de los versos, al escritor argentino Borges, ciego en su madurez)
1.2. POR INSISTENCIA EN EL ORDEN REGULAR

DE LOS ELEMENTOS DE LA ORACIÓN.
1.2.1. Paralelismo o isocolon: consiste en la identidad o semejanza de construcción entre dos o más unidades sintácticas (sintagmas, oraciones) o métricas (versos). Es muy habitual que el paralelismo coincida con la aparición de figuras de repetición tales como la anáfora, la epífora, etc.
a sus suspiros, sorda,

a sus ruegos, terrible,

a sus promesas, roca

(Tirso de Molina)


Variedades del paralelismo son la bimembración o dicolon, la trimembración o tricolon o la plurimembración o pluricolon; consisten en la repetición de una misma estructura sintáctica dos, tres o más veces. Pueden adoptar muy diversas formas y coincidir con otras muchas figuras; asimismo, pueden afectar a palabras, sintagmas u oraciones enteras.
Me dijo que no me preocupara, que todo se solucionaría

(bimembración)

Susana tenía un cabello espeso, ondulado, precioso (trimembración)

Lo perseguimos con denuedo por los roquedos, por los peñascales, por los bosques, por los ríos y los arroyos, por los secarrales y los desiertos (plurimembración)


1.2.2. Quiasmo: los elementos de la oración se colocan en posición cruzada, a menudo para expresar conceptos antitéticos. Los elementos que constituyen esta figura adoptan una disposición simétrica. El quiasmo se puede producir dentro de una única oración, pero también como una figura que afecta a dos o más oraciones.
quitan gusto y celos dan

(Tirso de Molina; verbo-CD / CD-verbo)


cuando pitos, flautas,

cuando flautas, pitos

(Luis de Góngora; nombre A-nombre B / nombre B-nombre A)
o púrpura nevada o nieve roja (Luis de Góngora; el quiasmo no depende de la posición de las palabras, sino del sentido de éstas, que establece un claro contraste: rojo-blanco / blanco-rojo)
1.2.3. Correlación diseminativa recolectiva: se trata de un tipo específico de paralelismo, muy característico de los escritores del Barroco, que consiste en la aparición de una serie de elementos repartidos a lo largo de un texto (normalmente un poema), los cuales vuelven a surgir al final de la composición, normalmente agrupados en uno o varios versos.


Mientras por competir con tu cabello

oro bruñido al sol relumbra en vano;

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;


mientras a cada labio, por cogello,

siguen más ojos que al clavel temprano,

mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello,



goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o en víola troncada

se vuelva, más tú y ello juntamente,

en tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada.

(Luis de Góngora; como puede observarse, los elementos repartidos en los dos cuartetos se "recogen" en el primer terceto)


2. FIGURAS DE REPETICIÓN O ITERACIÓN.
Las figuras comprendidas dentro de esta categoría se distinguen porque están constituidas por la repetición -o iteración- de un elemento (fonema, palabra, sintagma u oración) en el curso del texto. Se distinguen dos grupos de figuras de repetición:
2.1. POR REPETICIÓN DE ELEMENTOS IDÉNTICOS.
2.1.1. Geminación o epizeusis: consiste en la repetición en contacto de una palabra o grupo de palabras al principio, en el interior o al final de un enunciado.
Abenámar, Abenámar, ¡Fuego, fuego, zagales, agua, agua!

moro de la morería (Tirso de Molina)

(Romance de Abenámar)
Si la repetición es de una sola palabra se denomina, con más precisión, reduplicación (primer ejemplo); si el término repetido sirve para unir dos elementos de la frase, se llama conduplicación:
Te voy a hacer un regalo, un regalo que no te puedes ni imaginar
Si lo que se repite es una palabra o grupo de palabras a fin de reforzar la idea que se pretende expresar, la figura se denomina epanalepsis.
En las condiciones actuales de nuestra economía -y subrayo "en las condiciones actuales"- el crecimiento del paro es inevitable
2.1.2. Anadiplosa o anadiplosis: consiste en la repetición del elemento final de un grupo de palabras (sintagma, oración o verso), al principio del grupo siguiente. En realidad, esta figura es también una variedad de geminación.
ideas sin palabras ¡Mueran tiranos traidores!

palabras sin sentido ¡Traidores tiranos mueran!

(G.A. Bécquer) (Lope de Vega; en este caso, la anadiplosa se encuentra dentro de un quiasmo)
2.1.3. Concatenación: se trata de la sucesión, encadenamiento o continuación progresiva de dos o más anadiplosas.

Trescientos Canetes eran

de este rebato la causa,

que los rayos de la Luna

descubrieron sus adargas;

las adargas avisaron

a las mudas atalayas,

las atalayas los fuegos,

los fuegos a las campanas

(Luis de Góngora)


Y desventurados de los que por ostentación quieren tirar la barra con los más poderosos: el ganapán como el oficial, el oficial como el mercader, el mercader como el caballero, el caballero como el titulado, el titulado como el grande, el grande como el rey, todos para entronizarse. (Mateo Alemán)
2.1.4. Epanadiplosa, epanadiplosis, epanástrofe o redición: los elementos repetidos se colocan al principio y al final de una unidad sintáctica o métrica, formando un marco.
Dicen que me case yo ¡Qué alegría, en el campo, qué alegría!

no quiero marido, no (Gil Vicente) (Rafael Morales)


2.1.5. Anáfora o repetición: los elementos repetidos se colocan al principio de dos o más unidades sintácticas o métricas seguidas.
Salid fuera sin duelo, Cuéntale tú, Antonia, cuéntale tú, Lorencina

salid sin duelo, lágrimas corriendo (Ramón del Valle-Inclán)

(Garcilaso de la Vega)
2.1.6. Epífora, epístrofe o conversión: los elementos repetidos se colocan al final de dos o más unidades sintácticas o métricas seguidas.
Parece que los gitanos nacieron en el mundo para ladrones: nacieron de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones, y finalmente salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo. (Miguel de Cervantes)
2.1.7. Complexión: resulta de la combinación simultánea de anáfora y epífora. La repetición se efectúa tanto al principio como al final de dos unidades sintácticas o métricas seguidas.
El mar. La mar.

El mar. Sólo la mar

(Rafael Alberti)
2.1.8. Diseminación: se caracteriza por la repetición de la misma palabra o de sinónimos dentro de un contexto más amplio y sin seguir un orden preestablecido.
Lindo con tu silencio, en la hora fría

en que todo está dicho. Palpo ciego

tu encontrado silencio. Parto y llego

de silencio a silencio, día a día.

(Rafael Guillén)
2.1.9. Retruécano o conmutación: en esta figura se repiten varias palabras o la oración entera, invirtiéndose el orden de los términos de modo que el sentido del sintagma o de la oración se vuelva del revés y se produzca la significación contraria. Es una de las muchas variedades del juego de palabras.
¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

(Francisco de Quevedo)


2.1.10. Polisíndeton: es un tipo específico de anáfora, puesto que consiste en la unión de elementos (sintagmas, oraciones) mediante la misma conjunción (habitualmente la conjunción copulativa y, aunque no siempre). En realidad, el polisíndeton es tanto una figura retórica como una estructura sintáctica -una forma de coordinación de proposiciones-, que puede no tener una significación estilística especial; por tanto, cuando se identifique como figura será necesario señalar su valor expresivo.
Hay un palacio y un río y

un lago y un puente viejo,

y fuentes con musgo y hierba

alta y silencio... un silencio

(Juan Ramón Jiménez)
2.1.11. Aliteración o asonancia: consiste en la repetición de un sonido o grupo de sonidos con un fin expresivo determinado. Debe tenerse mucho cuidado a la hora de señalar esta figura, pues es inevitable repetir sonidos dado que sólo existen veinticuatro fonemas en castellano. Cuando identifiquemos una aliteración tendremos siempre que señalar qué función expresiva desempeña. Por ejemplo, en una frase como "el ronco rugir del reactor" parece claro que la repetición del fonema vibrante r refuerza la representación sensorial que el lector se hace al leerla.

con el ala aleve del leve abanico

(Rubén Darío; la repetición de la “l” produce una impresión de jugueteo, de vibración ligera y sutil)
un no sé qué que quedan balbuciendo

(San Juan de la Cruz; la repetición de la sílaba que refuerza la impresión de un habla entrecortada)


Muy próxima a la aliteración, hasta el punto de que en muchas ocasiones se confunde con ella, se halla otra figura retórica, la armonía imitativa, que consiste en una cierta ordenación de las palabras en la frase o el verso de tal manera que recuerden un sonido natural o que creen, apoyándose en la costumbre lingüística del autor y el receptor, una determinada impresión sonora.
En el silencio sólo se escuchaba

un susurro de abejas que sonaba

(Garcilaso de la Vega; en este ejemplo, hay una clara semejanza entre el sonido sibilante de la "s" y el rumor de las abejas evocado por los dos versos. La aliteración y el efecto de armonía imitativa producen una sensación de sosiego, de paz y tranquilidad)
Dentro de la armonía imitativa hay que distinguir su forma más sencilla, que es la onomatopeya, figura en la cual la palabra o expresión reproduce claramente un sonido natural.
y un cantarillo de barro

-glú, glú- que nadie se lleva

(Antonio Machado)
Otra figura relacionada con la aliteración se produce cuando el autor juega con el puro sonido de las palabras, sin que éstas signifiquen nada por sí mismas; en este caso, la figura se denomina jitanjáfora.
Viernes vírgula virgen

enano verde

verdularia cantárida

erre con erre

(Mariano Brull)
Una forma particular de la aliteración es la cacofonía o disonancia, repetición de sonidos que produce un efecto desagradable o de difícil articulación. A veces puede tener efectos imitativos, irónicos, paródicos o expresionistas.
La chulapona del chal, con chalanería: pues a mí un jifero jarifo me enjaretó un jabeque aquí en la jeta y luego allí sobre los jaramagos me rajó en seco de una jiferada de jabalí. ¡Yo la jifa y él el jifero! (Julián Ríos)




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