1. La teoría del texto



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ÍNDICE

1. La teoría del texto
Sólo la casualidad pue­de aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre n­eces­aria­mente, l­o esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla. Tratamos de leer en ella como las gitanas, las figuras formadas por el poso del café en el fondo de la taza.
milan kundera: la insopor­ta­ble levedad del ser

En lo que hemos estudiado hasta ahora hemos tratado de aproxi­mar­nos al funcionamiento de la comunicación: el qué y el cómo de dicho proceso comunicativo. Y establecimos como base de éste los enunciados y, entre estos, a la oración. La oración como unidad de comunicación. La simple lectura de una oración, “Sólo la casualidad nos habla”, nos permite hacernos una idea de lo que un yo trata de informar a un tú: los hechos extraordina­rios son los que verdaderamente nos informan, lo inesperado, lo desconocido.

Pero esta lectura no deja de aparecernos en algún momento como incompleta o, más bien, como no enteramente cierta. Si vemos el ejemplo ante­rior, comprobamos que la interpretación que hemos reali­zado no satisface todas las expectativas abiertas por el autor en el resto del texto, dentro del cual se halla inclusa la oración anali­zada. Así podemos decir que no todo elemento inespe­rado es signifi­cativo por sí solo, sino por su pertenencia a un sistema regular de elementos dentro del cual lo casual es lo irregular, lo asistemáti­co. De esa manera interpretamos que cuando el autor nos habla de lo que ocurre como mudo significativamente nos está planteando la existencia de un plan subyacente, bien en el curso diario bien en el texto del que se habla.

La correcta interpretación significativa de una oración exige, por tanto, el conocimiento exacto del contexto, dentro del cual se inscribe dicha oración. Por eso, la gramatica del texto se plantea darle un sentido más amplio a la idea de comunicación, dentro del cual la oración se entendería, aunque como proceso mínimo comuni­ca­tivo, incompleto para la globalidad de lo comunicado.

Se puede decir, entonces, que no hablamos por frases, sino por textos, entendiendo por "texto" no sólo la suma mecánica de las frases y enunciados sino la pertenencia de estas a un "plan textual", dentro del cual se incluyen y regulan operativamente todas las oraciones que en él aparecen insertas.

La delimitación del texto depende sencillamente de la intención comunicativa del hablante, de lo que él conciba y quiera comunicar dentro de un conjunto de unidades lingüísticas vinculadas en un conglomerado total regido por una intención comunicativa. Si el texto está bien construido, y así se aprecia por parte del oyente, se percibirá como un andamiaje lógico, mejor o peor constituido, según que la coherencia textual esté bien o mal evidenciada y resuel­ta.

En la gramática del texto se llama ¡Error!Marcador no definido.coherencia textual a la cohe­sión interna que guarda una agrupación dada de frases en virtud de las relaciones sintácticas, semánticas y pragmáticas que mantienen entre sí. Se entiende por cohesión "el conjunto de relaciones entre los componentes de un texto, que le confiere unidad e identidad al texto". Esta cohesión se manifesta­ría a través de la condición de relevancia, formulada por T. A. Van Dijk, y por la que podemos decir que un texto es coherente si para cada una de sus sentencias las sentencias previas son relevantes.

Podemos resumir diciendo que un texto mantiene cohe­rencia textual cuando existe tanto una cierta relación entre las diferen­tes partes que lo conforman como la evidencia, más o menos clara, de pertenecer a un mismo conjunto significativo. Es decir, cuando vemos que existe ese plan que hemos llamado anteriormente, un plan subyacente.



1.1. Teorías de la comunicación y la Teoría de la Relevancia


¿Qué es la comunicación? Una definición avalada por una institución de prestigio puede ser la que proporciona la Real Academia Española para el término "comunicación":
Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor. (Diccionario de la Lengua Española, Edición Electrónica, Versión 21.1.0, Espasa Calpe, 1995).
Esta definición de comunicación hace referencia al modelo de la comunicación descrito por Shannon y Weaver (1949). Este modelo, que denominaremos modelo del código, se puede resumir de la siguiente forma:
Un emisor, de acuerdo con un determinado código, emite una señal cuyo referente es ajeno al proceso de comunicación (es un suceso, un estado de ánimo, una verdad científica, etc.). Las señales emitidas viajan a través de un canal y llegan al receptor quien, si posee la clave oportuna, realizará la descodificación. (Tusón 1984:28)
El modelo del código se basa en la trasmisión de un mensaje de un emisor a un receptor utilizando para ello un código conocido por ambos.

Este modelo ha tenido una difusión enorme. Por un lado, entroncó con la descripción que la incipiente lingüística había dado de la comunicación verbal. Así, Saussure describe el circuito de la palabra como un acto cuyo punto de partida "está en el cerebro de uno de ellos [los interlocutores]... donde los hechos de conciencia, que llamaremos conceptos, se hallan asociados con las representaciones de los signos lingüísticos o imágenes acústicas que sirven a su expresión." (Saussure, 1915, edición de 1987). Por otro lado, su aplicación a la comunicación no verbal (semáforos, banderas, gestos, etc.) y su posterior aplicación a la comunicación verbal, aunque con mayores complicaciones, parecían no tener defectos.

Sin embargo, recientemente han aparecido diversas teorías que cuestionan la validez general del modelo del código como única explicación de la comunicación. De entre todas estas teorías, la que más importancia ha cobrado por el volumen de investigaciones que sus hipótesis han generado es la llamada Teoría de la Relevancia de Sperber y Wilson.1 Sperber y Wilson (1986) argumentan que el modelo del código posee un innegable mérito explicativo pero descriptivamente resulta insuficiente. En primer lugar, existen no una sino dos modalidades de comunicación diferentes: una modalidad de codificación- descodificación y una modalidad inferencial. Entre ambas hay una diferencia en el grado de complejidad comunicativa que pueden alcanzar. La modalidad de codificación- descodificación funciona perfectamente con códigos que comunican un número limitado de mensajes. Pero, en formas complejas de la comunicación, verbigracia la comunicación verbal, ambas deben aparecer combinadas.

En la comunicación verbal, el proceso de comunicación codificada es un proceso no autónomo, sino que está subordinado a un proceso de rango superior, que llamaremos proceso inferencial. El procedimiento es el siguiente: en el proceso de comunicación codificada se utilizan señales acústicas o gráficas para comunicar representaciones semánticas. Estas representaciones semánticas son una interpretación del pensamiento del hablante y, a su vez, un paso previo a la comprensión, pues la tarea del oyente será utilizar estas representaciones semánticas como fuente de hipótesis y evidencia para la inferencia.

Este proceso inferencial sí representa la verdadera comprensión.

Además, esta comprensión no representa una simple descodificación, sino que para comprender un enunciado hay que asignarle una forma proposicional única, desambiguada, para lo cual hay que seleccionar, completar y enriquecer la representación semántica proporcionada por el código lingüístico. Es decir, comprender es un proceso inferencial: tomando como punto de partida el contexto, la forma proposicional del enunciado y la actitud proposicional pueden inferirse el mensaje que el emisor pretendía hacer manifiesto.

La segunda innovación de Sperber y Wilson (1986) es la noción de relevancia2.

Cuando una persona establece una comunicación pretende, mediante la modificación del entorno físico del receptor, provocar un efecto en su entorno cognitivo. El principio de relevancia garantiza que el hablante intenta lograr el mayor efecto posible con el menor esfuerzo cognitivo de procesamiento posible. Este principio de relevancia, además, se aplica sin excepción: todo acto de comunicación ostensiva, es decir, todo acto que manifieste la intención de hacer algo manifiesto, comunica una presunción de relevancia.

Así pues, un acto de comunicación ostensiva garantiza, gracias al principio de relevancia, que el conjunto de supuestos {I} que el emisor desea hacer manifiesto para el destinatario es suficientemente relevante como para que al destinatario le merezca la pena procesar el estímulo ostensivo y que ese estímulo ostensivo es el más relevante que el emisor podría haber utilizado para comunicar {I}. Con estas presunciones, el destinatario seleccionará un contexto concreto que justifique la expectativa de la relevancia. Utilizando ese contexto seleccionado para justificar la expectativa de la relevancia, junto con la aportación del estímulo verbal (enunciado) y de su propio entorno cognitivo, el oyente creará algunas hipótesis acerca de los supuestos {I} que serán más accesibles que otras, y será la primera interpretación accesible coherente con el principio de relevancia la que se seleccione como la más adecuada para la comprensión del estímulo.
En resumidas cuentas, uno de los conceptos básicos más importantes de la teoría de estos autores es el que atañe al principio de relevancia. La relevancia no es una propiedad intrínseca de los enunciados sino una cuestión de grado que se deriva de la relación entre un supuesto dado y un contexto. La teoría de la relevancia plantea que si un hablante pretende lograr una eficiencia óptima de funcionamiento en las situaciones comunicativas, deberá satisfacer dos condiciones restrictivas:

1) Por una parte, el comunicador tiene que intentar potenciar al máximo el efecto cognitivo que sus enunciados puedan tener sobre el auditorio (el hablante debe modificar efectivamente un determinado conjunto de creencias que sus interlocutores poseen con anterioridad al enunciado).

2) Y por la otra, el comunicador deberá emplear, en esa operación de in­fluencia, el mínimo coste de energía de procesamiento posible.

Según los autores, esa eficacia en el funcionamiento inferencial del sistema cognitivo responsable del tratamiento de la información pragmática (el procesador central) se debe a que está guiado por un único principio: el seguimiento de la relevancia. La relevancia entendida como un principio cognitivo, puede eva­luarse comparativamente, calculando el nivel de beneficio frente al nivel de cos­te que comporta su seguimiento en la producción e interpretación de enunciados.




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