1 La forma clásica de la apologética: las tres demostraciones y la función de la tf a la luz de la



Descargar 113,73 Kb.
Fecha de conversión15.02.2017
Tamaño113,73 Kb.
INTRODUCCIÓN
LA TEOLOGÍA FUNDAMENTAL: IDENTIDAD Y ARTICULACIÓN1
La forma clásica de la apologética: las tres demostraciones y la función de la TF a la luz de la DF del Vaticano I. La renovación de la TF a partir de la DV del Vaticano II como disciplina teológica y de diálogo, hasta la FR. Principios propios de la identidad actual de la TF en relación con la epistemología teológica.
La teología fundamental (TF) sustituye hoy a la apologética tradicional. Esto no quiere decir que el objeto y tarea de la apologética haya sido superado. Pero significa que tal objeto y tarea deben ser integrados en una reflexión teológica más universal. Así, la apologética constituye una dimensión decisiva en la TF, pero sin agotarla.

La apologética estaba habituada a cambios, pero en el periodo después de la segunda guerra mundial el cambio ha sido tan profundo que la apologética ha creído oportuno cambiar de nombre y, así, se ha convertido en la TF. El cambio de nombre es signo de un cambio más profundo que afecta al mismo estatuto de la ciencia, en cuanto que los cambios se manifiestan también en su contenido, método e identidad. Pero, como el objeto sigue siendo sustancialmente el mismo (Revelación-Credibilidad) sería injusto considerarla una ciencia completamente nueva. En consecuencia, para comprender de una forma adecuada el “nuevo rostro” de la TF, y por tanto, esa nueva identidad, es necesario hacer su recorrido histórico hasta nuestros días.


1.- Apologética2
El punto de partida, y centro hasta hoy, de la disciplina se basa en el texto bíblico de 1 P 3, 153. Ya desde el NT, podemos ver los indicios de una apologética, en la predicación de los Hch., donde se busca demostrar a los creyentes que Jesús, como Mesías prometido murió y resucitó según las Escrituras.

Ciertamente los libros del NT4 no se escribieron con una intención apologética, pero sí para dar razón de la fe sea a los judíos que a los paganos, para demostrar que Jesús es el Mesías (excursus sobre la controversia con definitividad de Jesús como Mesías5) y la verdad revelada (problema para paganos, ya que el Logos no puede ser encarnado en lo concreto; también problema del Areópago, ya que se podía aceptar a Jesús como Dios, pero no único) (problema también, porque no sólo se identifica como revelador de la verdad, sino como Revelación misma...ya en primeras comunidades problema, de ahí la insistencia de san Juan) por Dios6. Se ve claramente como en el evangelio de Juan, Jesús mismo apela a sus obras como a pruebas de su origen en el Padre (Jn 10, 37). Pero no sólo en Juan, sino que en los cuatro evangelios se encuentra la pretensión de mostrar la historia de Jesús con el designio claro de conseguir la fe en Él como Mesías.

Por ello también surgirán dos de los títulos cristológicos más importantes para la fundamental: Mesías y Profeta7. Con éste se quiere ver cómo se cumplen las profecías del AT (títulos que surgen de la tradición judía, otros de la misma conciencia de Jesús, otros de la comunidad post-pascual reinterpretando títulos veterotestamentarios o creando nuevos); su autoridad y obras poderosas llevan a creer en Él (de hecho se presenta como más que profeta) (Jn 2, 23; 9, 32-33; 10, 41).

En los Hechos de los apóstoles se comienza a subrayar ya el valor demostrativo de las apariciones de Jesús después de la Resurrección (Hch 2, 32; 3, 15; 10, 40). San Pablo, por su parte, se presenta en el discurso del Areópago, estableciendo una relación entre la religión de los atenienses (culto al dios desconocido) y su propia predicación, que se presenta como la verdad profunda de aquella (ya tenemos en germen la teoría de semina verbi de Justino, los cristianos anónimos y todo inclusivismo...se ve que al inicio se era más universal y coherente con 1 Tim 2, 4). En la primera carta de san Pedro tenemos el texto emblemático de nuestra disciplina, ya citado: se invita a los cristianos a no temer ante los perseguidores, para “dar culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar razón de la esperanza a quien os pida cuenta de ella” (valor y sentido misionero-diálogo del cristiano) (1 Pe 3, 15).

Podemos concluir que en el NT encontramos siempre que el anuncio de la Buena Nueva, del contenido de la Revelación con la centralidad de la confesión de Jesús como el Cristo, está sólo bien dirigido, rectamente proclamado, sólo teniendo en cuenta a los oyentes concretos, a cuya racionalidad apela como medio para llegar a la fe. Lógicamente, este anuncio, como en la Teología fundamental de 2006, incorpora un elemento de defensa cuando es necesario, pero para confirmar que su fe está sólidamente fundada, no para desdeñar o atacar a la oposición.

Así pues, la apologética es un principio se entendía como el intento de dar razón de los fundamentos de la propia fe frente a aquellos que no la comparten o la ponen en duda. Pero con el pasar de los siglos comienza a darse un desplazamiento hacia una ciencia de denuncia, defensa y ataque. Es ahora cuando la apologética adquiere una connotación negativa que no tuvo nunca en el inicio ni ahora le corresponde.

Los Padres8, a partir del siglo II, con la extensión de la evangelización y el comienzo de las persecuciones contra los cristianos, adquirieron un mayor talante apologético como reacción a estas circunstancias. Los así llamados Padres apologistas redactaron escritos de defensa que iban dirigidos a tres tipos de destinatarios: a los emperadores y autoridades civiles por las acusaciones hechas contra los cristianos; a los judíos y paganos para convencerlos de sus errores; a los propios cristianos para alentarlos y confirmarlos en su fe en medio de las pruebas. Entre ellos destaca Justino con sus dos Apologías y el Diálogo con el judío Trifón. En esta última obra, Justino hace un recorrido por las diversas filosofías, para concluir que el cristianismo entre todas ellas es la filosofía segura y provechosa.

En el siglo III destaca Tertuliano entre los latinos defendiendo la libertad religiosa y, Minucio Félix, por su parte, escribe una conversación imaginaria entre un pagano, un cristiano y el propio autor (vemos cómo el diálogo, como en Justino, se ofrece como medio para llegar a la verdad, sin partir de un tratado que ya afirme como punto de partida la superioridad del cristianismo. Orígenes, como padre griego, escribió Contra Celso, siendo un razonamiento riguroso contra el filósofo pagano Celso que había presentado cargos contra los cristianos. Lo que se destaca desde el inicio es que la apologética, para hacer frente a los diversos ataques, debe reaccionar dentro de los esquemas de la propia cultura, es decir, que debe asumir las filosofías, conceptos, imágenes de la cultura que le rodea.

Durante la Edad Media9 la vertiente apologética disminuye lógicamente porque pasamos al periodo de la sociedad cristiana, donde no había opositores; de hecho sólo se conocen como contradictores a los sarracenos y judíos, que, por su origen común con el cristianismo se les lleva a considerar más que paganos, infieles. Podríamos considerar a santo Tomás como el iniciador sistemático de la separación del doble orden del conocimiento. En su Summa contra gentiles distingue las verdades sobre Dios que son accesibles por la razón (libros I-III) y las que son reveladas por Dios que exceden el entendimiento humano (libro IV). Las primeras forman parte del conocimiento racional, común a todo ser humano dotado de razón; las segundas se contienen en la Sagrada Escritura y lo que santo Tomás pretende no es proponer un conocimiento perfecto de ellas, sino mostrar cómo las verdades de fe no son opuestas a la razón.

La Reforma protestante del XVI10 será la que ya inicie un fuerte sentido de apologética antes de que sea formulada en su triple vertiente de la monstratio. Así pues, de frente al “problema protestante” surgirá con contundencia la apologética católica para combatir la nueva presentación de la relación religiosa del hombre con Dios propuesta por el protestantismo: a) Ya no sólo hay que dar respuesta a que la religión verdadera es la cristiana, sino que se debe presentar cuál es la auténtica Iglesia de Cristo, debido a la presentación diversa de los protestantes que se identifican dentro de esa misma religión verdadera; b) otro problema será afrontar la relación fe-razón, ya que, partiendo de la antropología negativa del protestantismo, la razón, como cualidad humana, está afectada por la misma corrupción pecaminosa que daña al hombre en su totalidad. La fe, pues es puro salto ciego independiente de toda razonabilidad; c) por último, se valora de forma diversa las fuentes teológicas, ya que se parte del principio de sola Scriptura, por el que la Tradición y su interpretación quedan fuera de juego.

Ante esta problemática, antes de articular la triple demonstratio clásica, ya a finales del XVI comenzaron los primeros atisbos de la misma. Se había hecho ya la respuesta contra los indiferentes y no cristianos con el De vera religione (monstratio christiana), contra protestantes y acatólicos con el De vera Ecclesia Christi (monstratio catholica), pero con los primeros escépticos y ateos, que después en el XVI se generalizará con los deístas, se hizo la monstratios religiosa o De religione, es decir, un momento previo por el que se hacía conveniente demostrar la necesidad de la existencia de Dios-religión.

A partir de los siglos XVI-XVII encontramos los primeros Tratados de apologética propiamente como tales (independientes de la dogmática) que prolongarán su existencia hasta los primeros albores del Vaticano II. En este proceso adquiere especial relevancia el profesor irlandés L. J. Hoocke que a partir de su obra Religionis naturalis et revelatae principia ofrece el esquema tripartito que se consagrará como integrante de la misma apologética. Desde este momento, la “apologética clásica” entendida como ciencia teológica distinta de la dogmática, cuyos fundamentos pone-aporta, emprende su camino que perdurará hasta la primera mitad del siglo XX.

Sucintamente, las diversas funciones que conformaban la apologética clásica se pueden resumir, teniendo en cuenta las tres demostraciones11:


  1. Demonstratio religiosa: Pretendía demostrar la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, para, a partir de ahí, concluir afirmando la necesidad de la religión. Esta función-demostración se usaba en el contexto con los ateos, para demostrar y defender tal necesidad de la religión.

  2. Demonstratio cristiana: La pretensión es demostrar la necesidad y posibilidad de la Revelación positiva y sobrenatural, que encontraba su cumplimiento en la misión de Cristo (De Christo legato) y que podía conocerse con toda certeza por los signos que se referían a ella. Esta apologética surge en el ambiente antideísta, para demostrar que la sola religión natural (conocimiento de Dios a través de la mera razón y naturaleza) es insuficiente. De ahí que Cristo/Resurrección y sus signos (milagros) son pruebas externas y evidentes de la necesaria religión/Revelación sobrenatural.

  3. Demonstratio catholica: Reflexiona sobre la Iglesia católica y su naturaleza descrita como fundada por Cristo, con sus notas, bajo la guía infalible de la autoridad jerárquica del Magisterio pontificio. Esta última función tiene como “contrincante” al resto de los cristianos, más concretamente en su origen los protestantes. Ya no es sólo probar la necesidad de Dios-religión, no de la revelación sobrenatural, sino que, dentro del cristianismo, existe la evidencia de la auténtica y plena revelación en la Iglesia católica, siendo la garante a través de su existencia, notas y, sobre todo, la presencia del Magisterio pontificio.

Esta articulación de la apologética tenía por finalidad el construir una justificación de la fe como base en la que la teología pudiera moverse con seguridad, al estar racionalmente explicada y justificada. En definitiva, lo que se pretendía era una fundamentación fuertemente racional de la evidencia del acto de la Revelación, en detrimento del contenido de la misma. Pero, al mismo tiempo, vemos como desde el principio el antecedente de la TF tiene una vocación fronteriza de encuentro con el mundo.

Los fundadores propiamente dichos de la apologética son Johann Sebastian Drey, el iniciador de la escuela de Tubinga, y Giovanni Perrone, fundador de la escuela romana (después Gregoriana) con De vera religione (demostración contra los incrédulos y heterodoxos) y De locis theologicis (las fuentes de la Revelación). Ante todo tenemos que tener presente todo el contexto de la Ilustración con la razón y la libertad como conquistas de la persona, para enmarcar la disciplina teológica de la apologética, que intenta dar razón de la fe en este contexto que le tocó vivir en su origen, a veces con demasiada agresividad12.


    1. Rasgos característicos

Definitivamente la apologética clásica se irá configurando en oposición a un triple movimiento: los protestantes (s. XVI), los ateos prácticos (s. XVII) y los deístas (s. XVIII).



  1. Será el carácter fuertemente antideísta el que marcará la apologética clásica. Según la mentalidad ilustrada, el hombre debe orientarse hacia la religión natural descubierta por la razón. Ahora no basta, por tanto, sólo con indicar la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Se hace necesario corregir la idea que los deístas proponían sobre la religión natural, mostrando su insuficiencia y así proponer la necesidad de una revelación positiva y sobrenatural13.

  2. En la medida en que la Revelación viene a completar a la religión natural se da la tendencia a concebirla como un corpus de doctrinas y preceptos que el hombre tiene que aceptar en virtud de la autoridad de Dios. De este modo de concebir la Revelación se extrae un segundo rasgo característico de la apologética: intentar establecer el hecho de la Revelación sin tener presente el sentido de su contenido.

En esta concepción dualista influye también el deísmo. Se intenta argumentar acerca de la evidencia de los argumentos externos que probaban el hecho de la Revelación olvidando su contenido y sentido para la persona. Según esta manera de entender las cosas la apologética se ocuparía del hecho de la Revelación, dejando a la dogmática su contenido. Así, el contenido de la Revelación pierde su visión de conjunto, puesto que la dogmática subdivide tal contenido en una diversidad de tratados, favoreciendo la dispersión y dificultando una visión unitaria y global.

  1. La actitud con que se realiza todo este proceso constituiría un tercer rasgo: se trata de la pretensión de una demostración racional rigurosa. Así los signos de la Revelación se convertían en argumentos científicos al margen de su significado creyente y en un ambiente antideísta. Se trata por tanto de una demostración que atiende a una credibilidad racional del hecho de la Revelación.




    1. Aspectos positivos




  1. Desde el inicio la apologética siempre ha conservado hasta la teología fundamental de hoy el hecho de sentirse provocada por el mundo y la cultura. Para ello la apologética pensó en la racionalidad como dimensión del hombre. Así la apologética hizo de la razón un punto de encuentro con todos los hombres. Pero la razón, sin conexión con la praxis, no satisface ya a la mentalidad/sensibilidad del hombre el siglo XXI. Era necesario que la apologética adoptase otra identidad.

  2. Hay que destacar pues el coraje que tuvo la apologética de cambiar de rostro. El contexto en el que surge la posguerra fue el que contribuyó a un replanteamiento de la apologética. Comienza a darse una renovación de la teología a todos los niveles (retorno a la Biblia, Padres método histórico-crítico,...), que implica una renovación de la Revelación; también se inicia el diálogo y apertura con las corrientes filosóficas y otras disciplinas que aportan siempre algo sobre la comprensión de la persona, el mundo y Dios. Comenzará a surgir, como contrapartida de la demonstratio catholica la iniciativa ecuménica14.



    1. Deficiencias




  1. Pretende hablar de la credibilidad de la Revelación antes de haber afrontado un estudio profundo sobre la misma15.

  2. Después de haber fundado, sobre argumentos externos, que Cristo es el enviado de Dios que fundó la Iglesia, se impone necesariamente la conclusión de que hay que recibir por fuerza de esa Iglesia todo lo que hay que creer. Así se niega, por una parte, que el mensaje cristiano fuese inteligible por sí mismo, y, por otra, que su plenitud de sentido constituyera por sí mismo un motivo de credibilidad. Se olvida así que la Revelación es creíble no sólo por los signos externos, sino también porque revela al hombre a sí mismo (cf. GS 22; FR 15). Se ve que no se puede separar facticidad histórica y sentido de la Revelación, acontecimiento y sentido.

  3. No se tendía a las condiciones por las que la Revelación y los signos pueden ser acogidos por la persona a la que se dirigen. Si la apologética tiene por objeto no una credibilidad abstracta, sino la credibilidad humana de la Revelación, no puede limitarse sólo a estudiar el en sí de la Revelación y sus signos, sino que también debe preocuparse por las condiciones que capacitan a la persona para tal recepción16. Tampoco puede olvidarse de los facta de la Revelación para encerrarse en el sujeto, porque se disolvería en un lenguaje sin consistencia y meramente funcional. De ahí que la teología fundamental sigue las dos vertientes: profundiza el sentido de la Revelación (fundamental dogmática) y las capacidades de la persona-contexto que debe acogerla (fundamental apologética).

  4. Su carácter polémico no tiene razón de ser en un mundo de conocimiento fragmentado, relativista, hermenéutico no de frente al ecumenismo. Por tanto del talante de refutar de ha pasado al de proposición.



2.- El Concilio Vaticano I y la Dei Filius17
Se debe entender desde el principio que el contexto en el que tanto se celebra el Concilio como se escribirá la encíclica: supone una respuesta tanto al racionalismo y al fideísmo, inmersos dentro del condenado modernismo. La Iglesia vive momentos difíciles de frente a una sociedad que comienza a fiarse de sí misma (sapere aude) a través de la razón y, tantas veces, se muestra frágil a la hora de reaccionar contra los desafíos intelectuales de sus adversarios. Esta limitación también se reflejará en un lenguaje que no estará a la altura de la circunstancias y que, progresivamente en su recepción le llevará también a una crisis de contenidos, apartándose de las doctrinas propuestas ya desde Trento. De hecho la Dei Filius, descontextualizada y recibida en una ambiente polémico se transformará en la confirmación de la orientación apologética.

Uno de los primeros problemas de esta tendenciosa orientación será el tratamiento de una lectura extrinsecista de la Revelación. El doble orden de conocimiento llevó a la consecuencia de una Revelación superpuesta, llevando a una visión intelectualista de la fe.

A partir de aquí es cuando surge la teología manualística (Nicolau, M. – Salaverri, I.; Garrigou-Lagrange, R.; Tromp, S.; Zapelena, T.) con la propuesta estructurada y ampliamente desarrollada de las tres vías de la demostración con un cariz netamente defensivo. Se propone hacer entender a Jesucristo como aquel que afirmó de sí mismo ser el enviado, legado y portavoz al servicio de la finalidad reveladora de Dios y que, a su vez legitimó tal hecho por medio de abundantes pruebas de su cumplimiento a través de las profecías y milagros, corroborándolo de forma definitiva y culminante en su resurrección. En los manuales se buscaba también la condena al modernismo, de tal modo que parecían ser los “servidores fieles” de las condenas del decreto Lamentabili y posterior confirmación de condena de la encíclica Pascendi18. Por tanto los manuales no buscan provocar la fe, sino demostrar la credibilidad, lo que le convierte en una pretensión de ser una ciencia rigurosamente racional y demostrativa en cuanto a su método, presentado la religión revelada desde la perspectiva de la evidencia de la credibilidad.

Posteriormente al Vaticano I se recuperará un impulso para la fundamental, provocado inicialmente por la apologética de la inmanencia de Blondel (excursus sobre biblicismo, historicismo, extrinsecismo)19. Tras ello poco a poco se irá avanzando hacia una recuperación de los preambula fidei como momento interno del acto de fe. Es significativo también el sentido ilativo de Newman20.


3.- El Concilio Vaticano II y la Dei Verbum21
La gran renovación es que se parte del acontecimiento concreto de la Revelación realizada en Jesucristo con el método histórico-crítico y teológico. Dos de las categorías claves serán los conceptos economía de la Salvación y la centralidad de Jesucristo.

Ya en el mismo Concilio, donde no se hace ninguna referencia explícita a la teología fundamental, hay un acuerdo para ver la apologética no es una pastoral de la conversión, sino una ciencia que tiene un objeto y métodos propios, superando la concepción de sistema de defensa contra los adversarios o de tratado filosófico-histórico.


Mientras se camina hacia una identidad, al menos desde el postconcilio hasta 1979 se perfilan ciertos rasgos ilustrativos de lo que la apologética debería ser, caracterizándose por lo que algunos llaman la vía negativa:


    • Como decíamos, la apologética no es un arte de la conversión. La pastoral de la conversión compete a los misioneros u otros grupos que presentan la doctrina para lograr adeptos, pero la apologética no debe considerarse así debido a su estatuto diverso como ciencia con su propio objeto, finalidad y método. La reflexión apologética lleva a una certeza razonable y sus juicios son de orden especulativo, mientras que la fe permanece en el orden existencial.

    • No es un sistema de defensa contra los adversarios, por tanto debería existir, aunque no hubiera opositores.

    • Tampoco es un tratado filosófico-histórico. Se sirve de ambas, pero debe considerarse como teología pura, que es siempre interior a la fe. Su objeto, que es comprender el dato revelado, es su intención esencial que se sitúa por encima de los recursos a la filología, historia, filosofía.

    • No es filosofía de la religión, ya que ésta puede aproximarse al objeto del cristianismo no como misterios de fe (dogmática) o dignos de fe (apologética), sino considerándolo como cualquier otra religión entendida como actividad humana e intenta entender cuáles son los fenómenos que la desencadenan22.

De aquí emerge el nuevo rostro de la fundamental, que no se para en el aspecto apologético de la contextualidad apologética, de defensa o receptividad de la persona, sino que renueva el contenido dogmático de la misma, haciendo un tratado de la Palabra de Dios, desde su estado original y precedente de la Revelación, considerando también su conservación en la Tradición y el dogma.



4.- Del postconcilio hasta la Fides et Ratio23
Aunque el Concilio no citó ni a la Teología fundamental ni a la apologética, es decisivo porque desarrolló una serie de actitudes para la Iglesia universal tales como el diálogo, servicio, conversación, búsqueda de sentido, aparte de otras perspectivas sobre la Revelación como la centralidad absoluta de Jesucristo, la personalización de los signos de credibilidad, engarzándolo con la propuesta de sentido existencial que la misma Revelación supone para cada persona concreta24.

Después del Concilio hubo una etapa de desierto, ya que todas estas intuiciones se diluyeron en diversos tratados, por la falta de una visión unitaria e identidad de la teología fundamental. Además, la credibilidad y el diálogo con las otras religiones quedó relegado a un segundo plano en el inmediato postconcilio. Las diversas corrientes en las que la fundamental se disgrega fueron principalmente25:




    • Apologética clásica: se va autocalificando como Teología fundamental, pero mantiene la continuidad de las tres clásicas demostraciones, aunque renovando el sentido mero de defensa.

    • Teología dogmática de la Revelación: se basa fundamentalmente en el espíritu de la DV 2-4, partiendo del sentido de la naturaleza y objeto de la Revelación expresados en el número 2.

    • Apologética de la inmanencia: parte de la influencia de Blondel y, por tanto, de una consideración del acto de fe que supera el extrinsecismo, para centrarse en su dimensión iluminadora y vital. Dentro del interior del hombre hay una aspiración natural a Dios, que se incluye dentro de la pregunta por el sentido de la vida. En definitiva se muestra la capacidad de escucha que el hombre tiene para la Revelación.

    • Análisis del hombre como oyente de la palabra: proviene de Rahner y se centra en la potentia oboedientialis del hombre. La persona siempre está disponible a una posible escucha-Revelación de Dios en la historia. De este modo, la Fundamental comenzaría a entenderse como un preambulum fidei, es decir como propedéutica filosófico-axiomática de la teología.

    • Teología práctica: se radicaliza el lado de propuesta-contextualización, encontrando su significatividad en una teología política, como expresión de la dimensión pública y social de la fe26.

Posteriormente verá la luz la Constitución apostólica Sapientia christiana (1979), como hito en el desarrollo de la identidad de la Fundamental, ya que supone el primer documento magisterial que cita a la TF como disciplina específica, que posee objeto material y formal propio, a saber, la automanifestación y autoentrega de Dios en Jesucristo y la autocredibilidad de esta automanifestación que él constituye por su presencia en el mundo. Es la intervención inaudita de Dios en la historia. Su método es de integración dinámica (interdisciplinaridad), aparte de ser una disciplina de fuerte dimensión de diálogo (ecumenismo, diálogo interreligioso, ateísmo...).

En los 80, tras este documento se irán consolidando sobre todo dos líneas bien marcadas de la Fundamental, que coinciden con las originarias orientaciones romana y alemana:

La TF como teología de la credibilidad de la Revelación (escuela Gregoriana): pone su acento en la cristología y en la semiología. Hace posible una nueva imagen de la TF, porque ve la credibilidad como una aspecto quo, formal, distinguible por la reflexión como punto de mira hacia el que se cree (lo importante es la comunión de vida divina), aunque identificado en la realidad viviente concreta del proceso creyente. En esta orientación se privilegian metodológicamente la historia-crítica, hermenéutica, antropología y los signos de la Revelación.

La TF como teología de los fundamentos de la Revelación (escuela alemana): impostación propia sobre los tratados de religión e Iglesia, teoría de los principios teológicos e introducción a la gnoseología teológica. Tubinga se orienta más sobre la Verdad, mientras que Friburgo se centra sobre el sentido27.

Me permito añadir , sino una escuela (por su corta existencia y escaso número de seguidores), al menos un germen de nuevo pensamiento: la escuela de Milano. Lo más interesante es que integran un nuevo discurso Revelación-credibilidad, profundizando desde reflexiones que hacen interactuar a la conciencia creyente con la psicología, simbología, afectividad, expresión artística, mística, hermenéutica, fenomenología, estética28.

De cualquier forma, a pesar de las diversas orientaciones, podemos ver ciertas confluencias de la Fundamental actual, entre las cuales encontramos lo que Pié-Ninot califica como paso de la articulación de la triple demonstratio a la monstratio religiosa (antropología abierta a la Revelación), christiana (cristología fundamental) catholica (eclesiología fundamental). En definitiva, las perspectivas de la credibilidad así como la de la Verdad aparecen como complementarias, dado el primado de la Revelación y el horizonte de eclesialidad propias de esta disciplina29.

En la FR 67 es donde se encuentra de una manera concreta y explícita lo que es la Teología Fundamental, describiendo tres tareas específicas:



    • disciplina que da razón de la fe.

    • justifica y explicita la relación entre la fe y la reflexión teológica.

    • estudia la Revelación y su credibilidad, con el acto de fe.

El camino hacia la Verdad es lo que une la fe y la razón


La TF, por tanto, tiene dos polos: la Dei Verbum (Palabra de Dios) y la Religiosa audens (escucha con devoción), por tanto su MÉTODO es el auditus fidei (aquí entraría la fundamentación en la Sagrada Escritura, la Tradición y Magisterio, que supondrían la razón teológica) y el intellectus fidei (la parte especulativa, donde entran dos dimensiones: la razón filosófica en su doble vertiente histórica y antropológica).

De aquí se deriva que dar razón de la fe se debe articular en un aspecto fundacional hermenéutico que sería la TF dogmático-fundamental (la Revelación y su transmisión eclesial) y otro dialogal-contextual que podríamos llamar la TF apologético-fundamental (la credibilidad de Cristo en la Iglesia). En definitiva la TF quiere ofrecer una propuesta sensata a la persona de hoy desde un horizonte de significatividad-credibilidad-razonabilidad de la Revelación como autocomunicación de Dios en Jesús de Nazaret30.



FE


SOBRENATURAL

LO RAZONABLE
RAZÓN NATURAL

REVELACIÓN

CRISTIANA

LO CREÍBLE
SUJETO OYENTE
IGLESIA


LO SIGNIFICATIVO
MUNDO






Auditus fidei (fides ex auditus)
La TF31 en su doble método

Historica

Intellectus fidei


(fides quaerens intellectum) Antropológica








La importancia del método filosófico-histórico nos hace ver sobre todo el valor que tiene la historia en su triple dimensión de forma originaria (hechos en sí/bruta facta), forma reflexiva (cómo el autor los expone y elabora) y forma filosófica (cómo se interpretan en profundidad los hechos para ofrecer un sentido), para que a partir de aquí se realice el método histórico-crítico que nos ayuda mediante una cristología fundamental y una eclesiología fundamental, para presentar a Jesucristo como universal concreto, que se complementará con la razón filosófico-antropológica. Ésta, junto con el método de la inmanencia, nos impulsa a comprender el deseo natural del hombre hacia Dios, que, a su vez, nos permite presentar a Jesús como propuesta para la plenitud del ser humano.
5.- Principios propios de la identidad actual de la TF en relación con la epistemología teológica
¿Cuáles serían los principios teológicos básicos de la Teología fundamental dentro del estatuto epistemológico de la entera teología (moral, bíblica, escatología...)? Digamos que es el momento previo a todo estudio teológico, ya que su objeto inmediato es el acontecimiento de la Revelación en una relación crítica como fundamento y centro de la misma teología. Con una expresión muy sencilla podemos entender cuál es el espacio de la fundamental dentro de la teología: elaborar una teología de la Revelación, a partir de la misma Revelación. (Distinción con otros tratados y tratamientos de las otras teologías). Por ello se propone la Revelación como centro de toda teología, debiendo ser asumida formalmente como principio constitutivo de toda teología (la manualística, sin embargo, partía del dogma y buscaba por cualquier medio afirmar/confirmar que el Magisterio dictaba correctamente la doctrina revelada; para ello la Escritura estaba al servicio de la dogmática). Teniendo en cuenta esta centralidad de la Revelación como punto de partida, se pueden derivar tres principios básicos para la TF como epistemología teológica:


  1. La Revelación es el fundamento del pensar teológico32

La Revelación se presenta pues como fundamento de la teología. Fundamento quiere decir “id a quo aliquid procedit” (Sto. Tomás), o sea, principio del que se deriva otra cosa. Por tanto la teología deriva constitutivamente de la Revelación y debe referirse a ella, para toda forma real de su saber específico que quiera estar en conformidad con el fundamento (ejemplos de cristología del alto).

La Revelación:

...representa para la teología un fundamento dinámico, ya que es un acontecimiento llamado a un desarrollo histórico. Habrá que distinguir Revelación como norma non normata y su posterior transmisión.

...como tal, precede a toda categorización de la misma (veremos el lenguaje bíblico). El conocimiento personal no puede conocer su fundamento fuera del fundamento mismo.

...la realidad del fundamento no puede ni demostrarse ni refutarse. Hay que acogerlo como algo que se cree y, por tanto, nos situamos ante un tipo de certeza (moral llamada por el P. Sullivan) que no se limita a lo solo racional.

...como fundamento se impone como una “evidencia” original, cargada de sentido y de significado, que se autopresenta como un novum nunca conocido hasta entonces. Esta evidencia, en el saber teológico, se percibe y se acoge mediante el conocimiento de la fe que podría explicitarla, pero nunca fundamentarla o demostrarla.

...se transmite constantemente en la historia de Iglesia. La teología tiene la eclesialidad como nota propia, ya que reflexiona sobre la fe eclesial; la Revelación nos llega a través de una historia concreta de fe vivida en el testimonio de la Iglesia, no por medio de revelaciones personales (cf. Corintios).




  1. La novedad es una característica constante de la Revelación33

La novedad radical de la Revelación es que en sí misma es automanifestación personal de Dios y contenido objetivo que se le ofrece al creyente. Se presenta como absolutamente nuevo, porque se ofrece, porque no está en nosotros ni se descubre a partir de nosotros, pero que puede percibirse en virtud de un movimiento externo que nos sale al encuentro. Podemos distinguir la novedad de la Revelación en dos aspectos:




    • Respecto al contenido:

Se trata de la novedad del hecho mismo de la comunicación de un Dios con el hombre (novedad de la Alianza de Israel, del anuncio de la Resurrección). Esta novedad surgida de hechos históricos es capaz de crear una discontinuidad total entre lo que precedía y lo que ahora se está realizando.



    • Respecto a la comprensión:

Afecta al lenguaje que expresa la fe y al que reflexiona sobre esta misma fe. Es decir que existe un lenguaje de fe que precede a toda reflexión teológica. Esto supone al comprensión de la Escritura y Tradición como el momento normativo y fundante de la expresividad de la fe. El lenguaje de la fe expresa la vida de Jesús de Nazaret creído y proclamado como Cristo.

Ante este lenguaje, la fe no debe hacer otra cosa más que captarlo como tal. La nota que da unidad a este lenguaje será fundamentalmente el del amor. Será de este lenguaje prioritario del que provendrán los diversos lenguajes que reflexionan sobre la fe.




  1. La historicidad de Jesús es el principio esencial y constitutivo para el saber de la fe34

Al hablar de esta historicidad queremos hacer referencia a la autoconciencia personal, mediante la cual él mismo se presenta en el misterio de su existencia y su función salvífica (títulos cristológicos). La comunidad que interpreta esta autoconciencia no puede, en virtud de la fe, inventar o traicionar el núcleo histórico al que hace referencia.



Hablar de la historicidad de Jesús implica, asimismo, referirse a la globalidad de su persona. Su comportamiento, obras, palabras, significado de su muerte nos llevan a la dimensión más profunda que vertebra igualmente: la autoconciencia de Jesús ante su propia vida y la palabra suprema que Dios pronuncia sobre el sentido de su automanifestación. Dios se entrega a la muerte y en ella revela el sentido de su existencia trinitaria. La muerte es signo revelador de la totalidad del amor de Dios que se da gratuitamente (la lógica del amor como esencia de Dios, no sólo como ética: Buen samaritano, Juicio final, muerte en cruz. Bonhoeffer).
En síntesis:

    • La Revelación de Jesús de Nazaret es siempre mayor que cualquier comprensión posible nuestra de ella.

    • Por tanto, la Revelación de Jesús no está determinada por la subjetividad.

    • La apologética, por tanto, no sólo debe limitarse al objeto de su estudio (testimonio de Cristo, signos de su misión, proyecto eclesial), sino que también debe estudiar al sujeto humano al que se dirige tal Revelación.

    • Es necesario mostrar que en el hombre, si está atento a los datos de su mundo interior, no puede negarse al menos a la hipótesis de un acabamiento que le vendría de Dios.

    • La demostración apologética desemboca en una certeza muy elevada, del orden de la que se obtiene en las ciencias humanas, pero esta certeza es de orden moral, trascendiendo la mera ciencia o historia. Se apoya en los signos que traslucen significado a través del testimonio humano.

    • El objeto de la apologética/Teología fundamental es el hecho de la Revelación y el proyecto eclesial de Jesús. Trata la Escritura como documentos de la historia, para intentar mostrar que existen signos de cierta racionabilidad e históricamente válidos, que presentan la irrupción de Jesús en la historia como plenitud de la Revelación de Dios y de la persona.




1 Para el siguiente tema pueden consultarse las siguientes voces en latourelle, r. – fisichella, r. – pié-ninot, s., Diccionario de teología fundamental, Ediciones paulinas, Madrid 1992: ““Apologética: Historia y naturaleza” (Dulles y Latourelle), “Credibilidad” (Fisichella), “Inmanencia” (Verweyen), “Método en TF” (Fisichella), “Teología fundamental” (Latourelle y Fisichella), “Teología manualística” (Wicks), “Teólogo de la fundamental” (Latourelle)..

2 Cf. pié-ninot, s., La teologia fondamentale. “Dar razón de la esperanza”, Queriniana, Brescia 2002, 14-16.

  • 3 Sobre la “apo-logía” de la carta fundacional de la fundamental cf. verweyen, h., La parola definitiva di Dio. Compendio di teologia fondamentale, Queriniana, Brescia 2001, 38-40.

  • 4 Cf. martínez díez, f., Teología fundamental. Dar razón de la fe cristiana, San Esteban, Salamanca 19972, 34-39; izquierdo urbina, c., Teología fundamental, EUNSA, Navarra 1998, 24-26.

  • 5 Cf. verweyen, h., La parola..., 345-353.

  • 6 Cf. fisichella,r., La Revelación: evento y credibilidad, Sígueme, Salamanca 1989, 61-93, donde desarrolla ampliamente el tema de Jesús como revelador y revelación del Padre. Es una lástima que no haya salido a la luz la traducción de la octava edición italiana de 2002, revisada y ampliada, como sabemos a causa del fenómeno tan significativo para la fundamental tras la publicación de la Fides et ratio en el año 1998.

  • 7 Cf. pié-ninot, s., La teologia..., 379-381; fisichella, r., La Revelación..., 245-291; izquierdo, c., Teología..., 460-462 y 469-473 sobre la autoridad de Jesús; amato, a., Gesù, il Signore. Saggio di cristologia, EDB, Bologna 20036, 127-136 (sobre el mediador profético). 183-185 (Mesías); meier, j. p., Un ebreo marginale. Ripensare il Gesù storico. Compagni e antagonisti. (III volumen), Queriniana, Brescia 2003, 621-626 (sobre el ministerio profético de Jesús).

  • 8 izquierdo, c., Teología..., 26-37. 58-63.

  • 9 Cf. op. cit., 63-67.

  • 10 Cf. op. cit., 67-71.

  • 11 Cf. JIMÉNEZ ortiz, a., Teología fundamental. La Revelación y la fe en Heinrich Fries, Publicaciones Universidad Pontificia Salamanca, Salamanca 1988, 111-114; martínez díez, f., Teología..., 43-49.

  • 12 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 16-20; fisichella, r., La Rivelazione. Evento e credibilità. Saggio di teologia fondamentale, EDB, Bologna 20028, 18-24.

  • 13 Un amplio panorama sobre los diversos matices del deísmo de la Ilustración lo hallamos en venturini, n., La ricerca dell’Assoluto. Dio c’è? Chi è?, Coletti, Roma 1998, 282-334.

  • 14 Cf. JIMÉNEZ ORTIZ, a., Teología..., 124-127.

  • 15 Cf. op. cit., 114-117.

  • 16 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 31-33.77-104; martínez díez, f. Teología..., 49-53; verweyen, h., La parola..., 157-179; dotolo, c., La teologia fondamentale davanti alle sfide del “pensiero debole” di G. Vattimo, Libreria Ateneo Salesiano, Roma 1999, 77-109.

  • 17 Cf. pié.ninot, s., La teologia..., 20-24; izquierdo, c., Teología..., 71-74.

  • 18 Cf. guasco, m., El modernismo. Los hechos, las ideas, los personajes, DDB, Bilbao 2000, 35-40. 162-169; izquierdo, c., Blondel y la crisis modernista, EUNSA, Navarra 1990, 99-110.

  • 19 Cf. guasco, m., El modernismo, 52-61.104-111; izquierdo, c., Blondel y..., 169-211; urdanoz, t., Historia de la filosofía. Siglo XX: De Bergson al final del existencialismo VI, BAC, Madrid 19882, 109-144.

  • 20 Sobre la filosofía de la acción y la inmanencia de Blondel cf. blondel, m., La acción. Ensayo de una crítica de la vida y de una ciencia de la práctica, BAC, Madrid 1996; izquierdo, c., Blondel y..., 87-92.141-169.231-255; guasco, m., El modernismo, 47-52. Sobre un sucinto panorama de la filosofía idealista de la vida cf. fischl, j., Manual de historia de la filosofía, Herder, Barcelona 20028, 484-493. Sobre Newman cf. pié-ninot, s., La teologia..., 31.

  • 21 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 26-34; fisichella, r., La Revelación..., 17-47; gonzález montes, a., Dei Verbum sullo sfondo di Dei Filius en fisichella, r., La teologia fondamentale. Convergenze per il terzo millenio, PIEMME, Casale Monferrato 1997, 83-105; JIMÉNEZ ORTIZ, a., Teología..., 98-100; izquierdo, c., Teología..., 74-77.

  • 22 Cf. JIMÉNEZ, a., Teología..., 135-167.

  • 23 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 34; fisichella, r., Fides et ratio. Lettera enciclica di Giovanni Paolo II. Testo e commento teologico-pastorale, San Paolo, Milano 1999.

  • 24 Cf. ocáriz, f. – blanco, a., Revelación, fe y credibilidad. Curso de teología fundamental, Ediciones Palabra, Madrid 1998, 75-101; martínez díez, f., Teología..., 53-57; fisichella, r., La Revelación..., 31-37

  • 25 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 26-33.

  • 26 Cf. martínez díez, f., Teología..., 53-57; JIMÉNEZ ORTIZ, a., Teología..., 117-118.

  • 27 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 35-37.

  • 28 Cito el manual de teología fundamental de referencia de tal escuela, aunque no es el escrito más intuitivo del autor: sequeri, p.a., Il Dio affidabile. Saggio di teologia fondamentale, Queriniana, Brescia 20033.

  • 29 Cf. pié-ninot, s., La teologia…, 39-46.

  • 30 Cf. op. cit., 60-69; martínez, f., Teología…, 74-81.

  • 31 Cf. pié-ninot, s., La teologia..., 69-73.208-211; verweyen, h., La parola..., 179-222; jiménez, a., Teología..., 221-229.

  • 32 Cf. fisichella, r., Introduzione alla teologia fondamentale, PIEMME, Casale Monferrato 19974, 81-84.

  • 33 Cf. op. cit., 84-87.

  • 34 Cf. op. cit., 87-90.




La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal