1. Contexto histórico



Descargar 26,38 Kb.
Fecha de conversión31.05.2017
Tamaño26,38 Kb.
11. La novela y el cuento hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX

1. Contexto histórico

Los países hispanoamericanos alcanzaron la independencia de España en la primera mitad del siglo XIX, salvo Cuba y Puerto Rico que se independizaron en 1898. Sin embargo esta independencia no logró que los países hispanoamericanos prosperaran económicamente, pues pasaron de una dependencia europea a otra tal vez más absorbente, la de Estados Unidos, que en cierto modo explotó a estos países, los endeudó y los controló políticamente.

Hispanoamérica se ha debatido a lo largo del siglo XX entre la explotación ajena de sus riquezas agrícolas y minerales, y la miseria y pobreza de sus habitantes. Todo ello se debe igualmente a profundas desigualdades y una muy mal repartida riqueza. Casi todos los países han sufrido a menudo golpes de estado militares y regímenes dictatoriales, con períodos de débil democracia truncados por golpes de estado.

2. La novela y el cuento hispanoamericano

Si esplendorosa ha sido la poesía latinoamericana del siglo XX (con poetas de la talla de César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz), tan o más importante ha sido la narrativa, que, gracias a su calidad, es conocida en todo el mundo, sobre todo la que se produjo entre los años 50 y 70, etapa que es conocida como el “boom” de la literatura hispanoamericana. Se pueden distinguir tres grandes etapas en la novela hispanoamericana del siglo XX:



  1. La novela regionalista o indigenista. Hasta los años 40, se dio en toda América Latina una novela que reflejaba la realidad social y la vida de las comunidades indígenas que allí habitaban. Las obras planteaban la lucha del hombre contra una naturaleza salvaje y contra una sociedad de rancias costumbres. Ya el uruguayo Horacio Quiroga, maestro del cuento latinoamericano, que partía del modernismo influenciado por Darío, terminaría desembocando en una visión decadente de la naturaleza, siempre opuesta al hombre. De esta etapa destacan novelas como La vorágine, de José Eustaquio Rivera; Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos o Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, que denunciaron la realidad social de las distintas regiones de América.

  2. El realismo renovador o realismo mágico. En las décadas de los 40 y de los 50 se producen en la novela hispanoamericana una gran renovación que afecta a los siguientes planos:

  • El realismo se funde con elementos fantásticos; es lo que se conoce como “realismo mágico”. Se trata de una narrativa que incorpora elementos míticos, legendarios y mágicos, procedentes de las tradiciones indígenas que forman un sustrato cultural muy importante en Hispanoamérica. Lo novedoso es que estos elementos se integrarán sin contradicción en el plano real de las tramas, una característica que definirá toda la novela hispanoamericana hasta nuestros días.

  • Hay una mayor preocupación por la construcción de las novelas que da lugar a grandes novedades estructurales heredadas de la vanguardia (el surrealismo, lo onírico) y de autores europeos como Joyce o Proust, o de la Generación Perdida, con Faulkner y Dos Passos a la cabeza.

  • Se conserva el interés por el mundo rural.

  • Se conservan las intenciones políticas y sociales a través de una denuncia crítica, incorporando la intención de reflejar una angustia metafísica al que el ser está destinado.

Entre los autores más destacados tenemos a Miguel Ángel Asturias, autor de El señor Presidente, una de las primeras “novelas de dictadores” en Latinoamérica. Otro autor destacado es Jorge Luis Borges, escritor de cuentos sobre todo, gran indagador del misterio de la existencia con obras como El Aleph, Ficciones e Historia universal de la infamia. También destacamos al cubano Alejo Carpentier con Los pasos perdidos y El siglo de las luces. Mención aparte merece el mexicano Juan Rulfo, que con una novela corta, Pedro Páramo (1955), y un librito de cuentos titulado El llano en llamas consiguió ser reconocido como uno de los mejores escritores de toda Latinoamérica. Rulfo integra los modos narrativos de la tradición oral mexicana con las técnicas narrativas más diversas: el monólogo interior, el multiperspectivismo, las elipsis, la ruptura del orden cronológico y la acción fragmentada.

  1. El “boom” de la literatura hispanoamericana.

A partir de 1960 puede hablarse de un florecimiento de la narrativa hispanoamericana que no tuvo precedentes en ningún sitio. Su influencia y su éxito se extendió a la narrativa española y además fue traducida y muy valorada en todos los países del mundo. Además de la calidad de las obras y del ingenio de los escritores, este éxito narrativo vino acompañado de un buen soporte de las mejores editoriales españolas e hispanoamericanas. Por tanto, se unieron calidad artística y buena distribución. Este fenómeno es lo que se ha conocido por el nombre de “boom” de la narrativa hispanoamericana.

Las claves del éxito fueron varias. Además de las mencionadas, se debe a que aparecieron varios escritores de diferentes países de América, con unas mismas características, algunas de las cuales constituyen un desarrollo de lo que ya había aparecido en los novelistas anteriores. Sintetizando, estas son las principales características:



  1. El realismo mágico, es decir, esa mezcla de realidad y fantasía vivida como algo cotidiano.

  2. La mezcla de la experimentación técnica con la tradición narrativa.

  3. Un gran cuidado del lenguaje.

  4. Interés tanto por problemas urbanos como rurales.

Hay muchísimos escritores que se pueden incluir en el “boom” de la narrativa hispanoamericana (el paraguayo Augusto Roa Bastos, el mexicano nacido en Panamá Carlos Fuentes, el cubano José Lezama Lima, el bonaerense Ernesto Sábato, los uruguayos Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti, el chileno José Donoso etc.), pero solo vamos a detenernos en tres grandes autores:



  • Julio Cortázar (Argentina). Escritor de cuentos y novelas entre las que destacan Rayuela, en la que el surrealismo y la experimentación tanto en la estructura como en el lenguaje dan lugar a una obra que puede leerse de dos formas distintas; una lineal, y la otra saltando de capítulo en capítulo según indica el autor en la primera página, como un reflejo de la laberíntica realidad que nos rodea.

  • Mario Vargas Llosa (Perú). Es uno de los novelistas más famosos de la actualidad. Si bien en sus novelas no hay realismo mágico en el sentido más estricto, ha sido un gran renovador del realismo heredado de autores como Flaubert o Faulkner, pero explotando sus límites con una ruptura continua del espacio, del tiempo y del punto de vista, y con una concepción de lo mítico pareja a la de otros grandes del boom. De una primera etapa en la optó por la novela totalizadora, con una ideología de izquierdas (La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral), pasó en los 70 a una segunda etapa de novelas menos abarcadoras, homenajeando géneros como el folletín (La tía Julia y el escribidor), la novela satírica (Pantaleón y las visitadoras), el policiaco (¿Quién mató a Palomino Molero?), la novela histórica (La guerra del fin del mundo) o la novela de dictador (La fiesta del chivo), virando a su vez hacia posiciones políticas más liberales.

  • Gabriel García Márquez (Colombia). Es quizás el novelista más destacado de América Latina en el siglo XX y entre sus novelas destacan Cien años de Soledad, que es su obra maestra, Crónicas de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera. Su narrativa se caracteriza por el ambiente rural, la presencia del realismo mágico y una gran facilidad para contar historias, integrando los modos tradicionales con las técnicas más novedosas y complejas: saltos temporales, perspectivas múltiples, el monólogo interior, historias intercaladas, narradores ficticios, técnicas del periodismo o del cine, etc. Lo mítico, lo mágico, los sueños, los presagios se mezclan con la denuncia social y política. Muchas de sus obras transcurren en el mismo pueblo imaginario, Macondo, con personajes que aparecen en varios de ellos, en unos como principales y en otros como secundarios, tejiéndose así el universo mágico del autor. El propio Vargas Llosa escribió en 1971 García Márquez: Historia de un deicidio, un ensayo sobre esa novela totalizadora de la que antes hablábamos, de la que García Márquez sería el gran exponente, por esa capacidad que tiene como autor de rebelarse contra la realidad y convertirse en un dios-creador que sustituye la realidad real por una realidad ficticia, corregida y amplificada.

  1. El post-boom

Tras el boom, en la narrativa americana más reciente han surgido los autores más diversos, desde los que han asimilado algunos rasgos del boom, como Isabel Allende en La casa de los espíritus, hasta algunos que criticaron sus excesos técnicos. Los referentes cinematográficos serán una constante en autores como Manuel Puig (El beso de la mujer araña) o Cabrera Infante (La Habana para un infante difunto), mientras que el humor y la ironía caracterizan la obra de Bryce Echenique (Un mundo para Julius) o Roberto Bolaño (Los detectives salvajes).


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal